lunes, 4 de febrero de 2013
BARASOAIN 23 Y 24 DE FEBRERO
HOLA CHICOS Y CHICAS.
Víctor de Pamplona se ha animado a juntarnos en un encuentro informal en Barasoain (a 25 km antes de Pamplona si vamos desde Logroño) los días 23 y 24 de febrero.
¿Por qué? para vernos, para saber en qué movidas estamos metidos cada uno, para recordar a Julián y aquellas épocas en las que ... construimos una historia juntos. El encuentro está abierto a sugerencias: excursión, puesta en comun de historias educativas, repaso al cancionero, fotos de la época, película o documentales de interés actual,... Se garantiza ambiente de amistad y libertad.
Así que, de forma urgente (esto va para el que "gestiona la lista del grupo"), es importante introducir su dirección en el grupo:victoresandi@hotmail.es
Anímaos, un día o los dos, la comida o la cena del sábado (mejor). Es necesario que contestéis con la disposición que tenéis para que la organización sea más llevadera.
Un saludo, un abrazo, un beso y un millón de ganas de veros a todos y a todas.
Otilia
sábado, 19 de enero de 2013
miércoles, 16 de enero de 2013
II Jornadas en Homenaje a Julian Rezola
En
primer lugar agradecer esta invitación siendo consciente que entre nosotros y
nosotras hay personas que podrían realizar esta tarea con mucha más eficacia que
yo. Echar la mirada atrás, es un ejercicio de retrospección muy interesante. Lo
primero que me ha venido a la cabeza como es lógico son los chavales y
chavalas, (los muertos, los vivos, los exterminados por las instituciones, los
presos, los delincuentes, las madres y padres,..) y también los compañeros y
compañeras educadores y educadoras (los muertos, los que siguen, los
exterminadores, los carceleros, los que se echaron al monte, las que son madres
y padres…).
Lo
segundo los grandes cambios socio-políticos que durante
estos más de 15 años ha experimentado la tarea de educar y la calle como
espacio de relación. No me voy a extender más de 25 minutos por respeto a
ustedes (yo también pierdo la a tención a partir de los 40 minutos), y porque
muchas cosas ya introdujo Mariano.
Seguro
que en este breve repaso por el educador y la educación de calle, se me olvidan
algunas experiencias (otras conocidas es mejor olvidarlas), y seguramente otra
persona resaltaría innumerables facetas que a mí se me escapan acerca de la
evolución de la educación de calle en el Estado Español. Hablaré de mi
experiencia y mi práctica, y como escusa parafraseando a Julián Rezola citaré el
comienzo de una frase que decía “Hay más
libros que educadores…” Y los hay que
pueden documentar este tema en profundidad.
Comenzaré
sin extenderme sobre algunas de las características más importantes, que han
ayudado a configurar bajo mi punto de vista lo que es hoy el educador y la
educación de calle; no tengo mucho tiempo pero es necesario hablar aunque sea
un poco de ellas.
Estas
son:
·
La profesionalización tecnificada de la figura
del Educador; (del educador especializado al educador social y su entrada en la Universidad ).
·
La consolidación de la democracia y el Estado
de bienestar.
·
La privatización de los Servicios Sociales (de
la necesidad asociativa a la
Fundación y la
Empresa ).
·
El desarrollo de la Ley de Protección Jurídica y
Reforma del menor.
·
Nuevas realidades sociales (inmigración,
tercera edad, personas solas y sin hogar,…).
Algunas
de las fechas significativas de estos cambios son:
·
1992-institucionalización de la labor
socioeducativa-primeras promociones universitarias de educación social.
·
1993-Auge de la inmigración en nuestro país.
·
1995-Se consolida el sector de la ayuda y la
atención, se habla del tercer sector económico de nuestro país. La acción social
crea expectativas de mercado entre los empresarios por la cantidad de dinero
que mueve.
·
1996-Se aprueba la Ley 6/1996 de 15 de enero, que
regula el voluntariado, desvirtuando conceptos como militante, apoyo mutuo o la
lucha dentro de las asociaciones.
·
2001-
Entrada en vigor de la Ley
de Responsabilidad Penal del Menor, uno de los hitos en la historia de las
políticas sobre infancia más catastróficos, y que cambiará sin duda el rumbo de
los chicos y chicas con los que trabajamos. Consolidando la dualidad entre las
asociaciones que se suben al carro de la financiación de las medidas judiciales
y las que no quieren ni oír hablar del tema. (debate entre las asociaciones de
educadores y educadoras)
Bueno
estas son algunos de los acontecimientos históricos más relevantes, que me
ayudaran a seguir explicando el tema que nos compete y poder desarrollar de
forma breve esta trayectoria de la educación de calle durante estos últimos
años.
Antes
de hablar de una trayectoria es necesario situar un punto de partida, para
sentir la evolución y el cambio. Por lo tanto sería bueno definir ¿De qué
educador y educación de calle hablábamos en los 90 ?. Como parece que sí existe
un consenso en que las primeras experiencias que cronológicamente sitúan en
barrio del Carmelo (Barcelona) llevada a cabo por Instituto de Reinserción Social
(1975) y en Logroño barrio de Yagüe por el movimiento Pioneros (1968).
Intentaré definir al educador y la educación de calle utilizando fragmentos de
estos autores y épocas.
Faustino
Guerau de Arellano, co-fundador de la Escuela de Educadores Especializado Flor
de mayo de Barcelona, y una de las pocas personas que reconoce
institucionalmente la formación de Julián, define al educador de calle de forma
muy lúcida como: “Un ciudadano intencionadamente preparado para apoyar procesos
evolutivos de niños y adolescentes que por diferentes circunstancias se
encuentran en la calle….”.
De las
V jornadas nacionales sobre inadaptación
social y recuperación de menores, que se celebraron en Madrid en marzo de 1983,
se concluyó definiendo al Educador de calle como: “Un trabajador social, cuyo marco de trabajo es fundamentalmente la
calle, por ser este un ámbito esencial de socialización donde no llegan las
instituciones. Es un punto de conexión
entre los jóvenes inadaptados y la comunidad”.
Y otra
contribución interesante y necesaria en nuestros tiempos introducida por Julián
Rezola, olvidada institucionalmente (síntoma de buena salud dicen algunos de
mis amigos/as) que enfatizaba con aspectos de organización y lucha de los
jóvenes más desfavorecidos. ¿Educar… para qué?, Costumbre sana la de
preguntarse sobre lo que uno hace y que poseía Julián, no muy de moda en
nuestros días y que estaba siempre presente en las últimas charlas
con Julián. Otra sana costumbre de Julián y que está relacionada con la
esencia de su pensamiento pedagógico, era la de organizar encuentros (muchos en
torno a la comida) con el objetivo crear grupo, solidaridades, estrechar lazos
entre quien él intuía que se podía aliar para la lucha. LA LUCHA siempre presente hay
quería llegar yo.
Hasta los últimos días, juntaba okupas y
libertarios, con comunistas y sindicalistas, esta es una de las sensaciones que
más claras y patentes aparecen en la pedagogía de Julián. La unión, La lucha,
el nadie lo hará por nosotras, O todas o ninguna.
Este
despertar hacia ser conscientes de porque hemos nacido en el barrio que hemos
nacido, porqué mi madre y mi padre no me pueden prestan atención, porque me
encuentro a todos mis amigos en reformatorios y después en prisión, porqué
ellos sí y yo no.
Las
Tareas del Educador decía ” Ayudar al
joven a despertar de un proceso inerte, a una empresa consciente”, “Ayudar a
madurar la rebeldía del adolescente, canalizar su agresividad para que resulten
constructivas y no muera sepultado por su pasividad”.
“Que los Chavales tomen conciencia de los
problemas; - ¿¿por qué hay problemas, - quién es el responsable, - qué puedo
hacer. Y partiendo de los suyos personales descubren; que son colectivos y que
su solución es colectiva. Que se pongan en movimiento.” decía.
Existen
muchas definiciones para describir al educador y la educación de calle, de
entre todas sí se pueden sacar rasgos comunes sobre lo que se entendía y lo que
no, cuando se hablaba del educador de calle que algún autor dejo por escrito.
Algunos de estos son;
·
Una persona con vocación y con opciones claras
por los más vulnerables.
·
Actuará de elemento de regularización entre los
conflictos del barrio y el joven.
·
Tendrá que introducirse en el mundo del
chaval/a.
·
Colaborará con diferentes figuras educativas,
con el objetivo de encontrar salidas a los conflictos de los jóvenes de forma individual
y grupal.
·
Será un elemento activo en la vida del barrio,
participando en las reivindicaciones de este, con la idea de que solo cambiando
el barrio cambiarán las personas que viven en él.
·
Realizará una educación divertida, sacando
recursos pedagógicos de cualquier lugar, la vida de los chavales es fuente de
experiencias.
Que
no es un educador de calle;
· Una
persona en busca de un puesto de trabajo, aunque tenga derecho a vivir de ello.
· Un
profesional aséptico y multipreparado.
· Un
“paracaidista” que, en solitario y sin miras de continuidad, se deja caer en un
barrio y después desaparece.
· Un
“Plasta”.
Oyendo esto, cualquiera se atreve a decir que es educador de calle
en nuestros días, recordar estas cosas pone a uno el listón muy alto. Parece
que ahora lo conveniente, sería analizar cuántas de estas características y
rasgos poseen o poseemos los educadores de calle a día de hoy, (entre la gente
distingo a algunas y algunos), pero… no quiero estropear este momento porque si
de algo puedo hacer gala es de ser estrepitosamente sincero cuando quiero.
Así que pasaré a reflexionar sobre algunas de las características
que han ayudado a configurar lo que son los educadores de calle hoy en día. Empezaré
por aquello que definí al principio como: - la consolidación del Estado de
bienestar y la democracia: Todas conocemos que en esencia las labores
del educador de calle surgen en Francia en los años 60, nacen como un medio de
promoción para atenuar el desarraigo que producen los grandes centros urbanos;
evitar las diferencias culturales y económicas entre clases sociales, muy
vinculados a la animación comunitaria buscaban la transformación social de las
injusticias. Se desarrolló en muchos barrios de nuestras ciudades, como
una forma de acción de signo “progresista” tendente a consolidar una
“democracia cultural”; se creía en ello y se apostaba por ello. Una vez que se
instauro el régimen de democracia formal y el PSOE ganó las elecciones, se fue
deslegitimando y abandonando este tipo de acciones en lo comunitario, llegando
a perseguir a algunas asociaciones y movimientos que todavía lo seguían
practicando con mucho éxito entre los jóvenes de los barrios.
Llegaron las políticas de compensación social. Nos vendieron la
idea de que los/as vecinos/as de los barrios ya no teníamos que preocuparnos
por nuestros problemas que un tal “Estado de bienestar” había llegado para
solucionar nuestras miserias. Entraron en nuestros barrios bajo mil y una
acepciones (trabajadores sociales, visitadores/as familiares, animadores
socio-comunitarios, monitores, etc.…), los abrimos las puertas porque somos
buena gente y nos lo pagaron desarticulando todo el tejido comunitario y las
iniciativas de apoyo mutuo espontáneo, que tantas manifestaciones y reuniones
costó.
Ya había dejado de interesar la auto-organización de los jóvenes para que “despierten de su letargo y colectivicen las
necesidades”. Ya estaban democratizados y eran libres. Con esta libertad se
evaporan parte de las características que definían algunas de las tareas de los
educadores de calle, éramos necesarios sí, pero para otras cosas más light. En
resumen ahora toca vigilar la libertad y la democracia, que mucho nos costó
conseguir, por si acaso alguno o alguna no va a estar de acuerdo con eso de ser
libre.
Otro aspecto que
modifica enormemente el perfil del
educador de calle es; -la profesionalización del educador
especializado: Muchas son las voces que nos alertan, de que el proyecto
universitario referente a la educación social está muy desligado de la realidad
y construido con mucha carga de especialidades de magisterio y otras
especialidades que no vienen a cuento, que hacen muy difícil la salida de
profesionales preparados. Aunque como nos recuerda acertadamente Toni Juliá, en su libro L`educación social: proyectes, perpestives
i camins, no toda la culpa la tiene
la institución universitaria, algunos educadores afirma: “reivindican que su función no es la atención directa, sino la
planificación, dirección y gestión de proyectos”. Lamentablemente existe
una desvinculación con la práctica social y muchos de los encargados de formar
a los y las futuros educadores nunca tocaron un niño.
Pero el tema de la formación, aunque tremendamente importante, no
es el más importante bajo mi punto de vista sobre esta cuestión. Si bien, la
formación que recibimos los y las educadores de calle del norte en los años 90
era, en la Escuela
Diocesana de Bilbao o el Centro de Estudios del menor del
Ministerio de Asuntos Sociales, con el sistema de acumular puntos. En Cataluña
tenían los educadores algo más de suerte con el Centro de Formación de
Educadores Especializados de Barcelona (CFEEB), increíble la gente que salió de
ahí.
Lo que la profesionalización más marcó, fue un cambio en el perfil
del educador de calle. Ya no podían ejercer de educadores, mecánicos, ni
herreros, ni chavales formados en los barrios, ni educadores que se
alfabetizaban según iban desempeñando las primeras tareas de
auxiliares-mediadores-responsables de grupo-etc.., cogiendo actas leyendo
libros de Makarenco porque tenías vergüenza de no estar a la altura del próximo
debate pedagógico con los otros educadores más mayores; había que ir a la
universidad... Algunos pudieron demostrar una serie de años de experiencia,
(sobre todo a través de puestos de la administración) y convalidar esta
titulación exigida a partir de 1992 en casi todos los convenios con las
instituciones, otros ni quisieron.
Y llegaron los y las universitarios y universitarias.., que con
todos mis respetos no tenían nada que ver con el Pera y la Marian de la CEMU , ni con el Piti del
circo de los muchachos en Galicia, ni con el Salva de mi barrio, ni con la Conchi de Villaverde, ni con
el Josean de Logroño y un incontable, etc.. de educadores y educadoras hechos a
sí mismos siempre dispuestos a escuchar a un joven, siempre con las puertas de
su casa abiertas, (ahora algunos cierran hasta las oficinas para que no les
molesten). Quizás este es uno de los aspectos donde más se ha notado el cambio
en la educación de calle y nunca ha interesado tratar. Y creerme no tiene nada
que ver con una cuestión estética, ni con fumar porros.
Pero tampoco con que se hayan mejorado los procedimientos técnicos,
hemos perdido frescura para ganar credibilidad en nuestra intervención. Pero
¿Qué credibilidad? La que da seguir los patrones validados por la
ciencia occidental y capitalista. Estoy convencido que estamos perdiendo
eficacia.
Este impulso por controlarlo todo, y evaluar sin cesar se está
perdiendo lo enriquecedor de la experimentación ante las situaciones que n os
plantean los chavales.
La consolidación del educador profesional ha traído como
consecuencia la eliminación de las prácticas voluntaristas del apoyo mutuo y la
solidaridad. Daría para un solo debate.
Continúo con otro aspecto que ha cambiado las funciones de los y
las educadores y educadores de calle de forma drástica; - La llegada de la Ley
5/2000 que regula la responsabilidad penal del menor y la ley orgánica 1/96 de
15 de enero, sobre la protección del menor; Claro… antes de llegar a donde
quiero con este tema, habría que visualizar el cambio que sufren las
asociaciones de educadores y educadoras de calle, cuando comienzan con el juego
de la obtención de subvenciones por parte de organismos del Estado, las
organizaciones empezaron a funcionar con personal profesional asalariado,
vinculándose a mayores exigencias de las
entidades financiadoras en cuanto a resultados y esto empieza a producir
cambios también en la forma de estar con los chavales de los educadores.
Desde la entrada en vigor de estas leyes se empieza a producir un
cambio en el paradigma de la intervención con los menores y jóvenes en
conflicto social y se pasa de la prevención a modelos de intervención clínica individualizada
que responsabiliza a los jóvenes de sus
conductas. El grueso de los recursos en materia de políticas de infancia, están
orientados a financiar proyectos que ayuden a desarrollar el cumplimiento de
estas leyes. Las Ongs algunas convertidas en macro-fundaciones para sobrevivir
en este nuevo mercado de lo social, comienzan a encargan a sus educadores/as
tareas más acordes con los nuevos convenios que garantizan su existencia; del
tipo de custodiar la libertad de sus chavales, vigilar el cumplimiento de
medidas en régimen abierto, hacer educación de calle en los recreos de los
institutos para que no se consuman drogas, hacer educación de calle para realizar
un censo de tribus urbanas y pasárselo a la policía, etc…Pero…. Vamos una
locura ¿tanto se puede cambiar en 20 años?
Este hecho ha cambiado radicalmente el lado en el que estamos los
educadores y el lado donde están los chavales. Los chavales y chavalas ya no
son parte de los proyectos, no sienten ninguna vinculación, son números y
casos. Ya no les oyes decir soy un Pionero. Nunca había existido tanta
distancia, hemos pasado de invitarlos a nuestra casa a dormir y esconderlos de
la policía hasta solucionar el problema, a llevarlos de la mano ante el Fiscal.
Cada vez resulta más difícil sentirse identificado con un educador o educadora,
cada vez más fácil ponerse en el lado de los chavales contra la institución y
sus educadores.
Para terminar acabaré con algo más positivo sobre la evolución de
las tareas del educador y educadora de calle que también comenté al empezar, - Las
nuevas realidades sociales; Que ha llevado al educador de calle a
trabajar con personas migrantes de diferentes sitios para ayudar a su
adaptación a la nueva realidad, el trabajo con personas mayores en la calle, el
trabajo de calle con personas que viven en la calle, etc..Estas nuevas
realidades, han ayudado a buscar nuevas utilidades a la labor de los educadores
y educadoras de calle.
Todo esto es lo que ahora somos, unos lo aceptaran con resignación,
otros se auto-compadecerán y otros lo negarán, pero lo que está claro que la Educación en libertad
que pregonaban los Pioneros parece otra cosa.
Para acabar resaltaré una de las labores del educador de calle que
aparecen en el libro rojo de Pioneros, que
me gusta especialmente y con una definición de educación por si a alguien le quedan aún ganas de escuchar.
Decían los Pioneros “El
educador ayuda al chaval a que no escoja y obre ciegamente, sino con libertad.
No podremos cambiar el modo de producción, la formación ni la coyuntura social;
pero se puede introducir al chaval en una dinámica de cambio, que, si se vive
conscientemente hacer surgir la esperanza de libertad individual y colectiva”. Hace mucho que no aparecen estas cosas en
los objetivos de los programas de calle, y no será porque no hagan falta.
¿A que nos referimos con educar? Agustín Moran “Educación,
la formación de niñas y niños para ser personas capaces de ser libres, en lugar
de personas decentes que siguen las normas del mercado y del estado sin
preguntarse para que sirven estas normas. La razón y la inteligencia como
herramientas para establecer nuestros propios fines y moderar nuestros propios
deseos superfluos, teniendo en cuenta las necesidades de los demás y los límites
de la naturaleza”.
Extraido
de conferencia II Jornadas en Homenaje a
Julian Rezola Trapero.
Logroño,
8 de octubre 2011
miércoles, 19 de octubre de 2011
PIONEROS
Autores: Yolanda de Blas Ezquerro, Mariano Muñoz Segura, Emiliano Navas Sánchez, Julián Rezola Trapero, Pedro Vallés Turmo, Otilia Vallespí Cantabrana Editorial Popular s.a. Madrid, 1989 ISBN: 978-84-86524-87-6 |
sábado, 15 de octubre de 2011
HONORIO CARDOSO
Me decido a escribirte para ti y para todos aquellos a quienes pueda interesar cómo fue mi relación con Julián, al que debo mucho y del que aprendí casi todo lo que vale la pena saber de esta y de todas las vidas.
Creo que desde nuestro primer encuentro, él estrenando adolescencia y trabajo de aprendiz, y yo trabajo de consiliario de obreros en la JOC, se produjo entre los dos una química especial.
A mí, trece años en el seminario, tres años de "profesional" de una parroquia, entre púlpitos, confesonarios, misas y demás actos profesionales que hoy parecen un tanto absurdos, a mí me hacía falta encontrarme con el mundo tal cual es, con el sentir de la calle, con el ritmo de vida y los problemas de un joven que empieza a vivir, y de todo el mundo que me rodeaba.
Más aún, me hacía falta soltar todo el lastre de una educación inspirada en los principios más rígidos y cabrones del franquismo, en el desprecio de la clase obrera, de la civilización industrial, de los "rojos". Ten en cuenta que estábamos en el 1960.
A él...a él le hacía falta ganarse el pan de cada día, pero algo más, algo de alcance puramente espiritual. Necesitaba desarrollar toda su capacidad y ansia de darse, de crear vínculos con el mundo obrero que le rodeaba, de despertar en los jóvenes ganas de vivir, de organizarse, de enfrentarse a un mundo que los tenía condenados a la esclavitud. Y por supuesto, mejorar su cultura general, aprender a leer, a hablar, a discutir y dialogar, a relacionarse con unos y con otros, sentirse alguien, valorado y tenido en cuenta a su alrededor.
Porque, hijo de una familia proletaria, hermano de otros cinco hermanos, sus padres agobiados por el afán de traer a casa el pan de cada día, el padre además un poco cogido por el alcohol, Julián, como la mayoría de los jóvenes obreros de entonces, sufría terriblemente las carencias de una vida familiar inexistente, sin calor de hogar, sin pan, una vida de perro callejero.
El tuvo un acierto, una intuición, un salero especial, supo rodearse de educadores y se dejó llevar por ellos. Primero de un atleta muy deportivo y educador, José Luis Alvarez, que lo llevó a la JOC, luego de la misma JOC, en la cual colaboró desde el principio con absoluto entusiasmo y entrega, asumió las responsabilidades que se le encomendaron, y se dejó "modelar" por el consiliario que intenté ser para él desde que le conocí.
Hay algo muy especial en su personalidad, algo que difícilmente se encuentra en el común de las personas...ulián vivía en un universo donde no existe la propiedad privada, ni los conceptos tuyo y mío, donde todo es común y se toma según las necesidades de cada uno. Un universo en que el dinero no tiene ningún valor ni otorga ningun privilegio. Todo lo suyo estaba a disposición de todos, y de nosotros tomaba todo aquello que necesitaba o le apetecía y sabía que estábamos dispuestos a ofrecérselo, porque era tremendamente respetuoso. Y además infinitamente generoso, capaz de cualqueir sacrificio por los amigos, por llevar adelante las actividades que nos proponíamos.
He conocido muy pocas personas con esa mentalidad. Dos o tres. Y tengo la impresión de que todas ellas estaban impregnadas de ese sentido comunitario que imprimió ene la clase trabajadora española el anarquismo, el cual tuvo una difusión muy amplia y profunda en la Rioja.
Unámos a ese rasgo tan especial de Julián el otro, sus hondas raíces obreras y revolucionarias. He dicho que su familia era una familia rota, hundida en la miseria, al borde del analfabetismo, aficionados al alcohol, viviendo en unas condiciones casi inhumanas. Y sin embargo, tanto sus padres como sus tíos conservaban intacta toda la ideología de los perdedores de la guerra civil, de los fusilados de La Barranca de Lardero.
Derrotados, pero con todos los ideales a punto. Despojados de todo, pero con un sentido muy fino de la estrategia a seguir en aquellos tiempos de represión y silencio. Julián tenía un trato especial con un tío que vivía como un clochard, aocoholizado, trabajando a rachas en el andamio, pero tremendamente clarividente y cultivado.
Para mí, en el seminario desde los 10 hasta los 23 años, tres años de cura en una iglesia, con mis sermones, mi confesonario, mis rezos, mis misas, Julián significaba el punto de encuentro y la conexión con el mundo obrero, con los jóvenes obreros a los que había sido enviado. Suponía además la liberación y la puesta en entredicho de toda la mentalidad fascista y franquista en la que había sido educado, a más de un primer encuentro con el mundo de la industria, tan diferente del mundo rural del que yo procedía.
Julián tuvo el acierto de rodearse de educadores y dejarse guiar dócilmente por ellos. Primero fue un entrenador deportivo, corredor de fondo, que además de introducirlo en el deporte le llevó a la JOC. Luego conectó con los curas que se le acercaron, aunque con un criterio selectivo; no se confiaba a cualquiera, sabía marcar las distancias y las aproximaciones. Leía mucho, devoró con hambre toda la literatura que la JOC proporcionaba en aquel entonces: Pescadores de hombres, de Maxence Van dder Meersch, obras de Cardijn, el fundador de la JOC, etc. etc.
Llegó a la JOC con apenas 15 años. Trabajaba en un taller de máquina herramienta, y pasaba por delante de mi residencia todas las mañanas camino del trabajo. Nos veíamos, con los fervores de aquellos años procurábamos mantenernos en gracia de Dios todos los días.
Hacía proselitismo, a su llegada los grupos de aprendices se multiplicaron como setas ene la JOC; se manejaba con ellos a base de excursiones y acampadas los fines de semana. Y para temas de intendencia contaba con la moto del consiliario, mi moto y yo de motorista. Cientos de veces me tocó llevarlo y traerlo a los lugares de acampada, hacerles las compras para la comida. Así como acudir en moto él y yo hasta doscientos kilómetros de distancia a reuniones regionales o nacionales. Y a la chita callando los empujaba a acciones de enfrentamiento y compromiso en el trabajo, con la familia, en la calle.
Nos tocó acudir al Consejo Nacional de la JOC en Valencia, por Santiago, 25 de julio. No teníamos dinero, teníamos que acudir cuatro con una sola moto. Nos turnamos; dos empezaron el viaje en autostop, Julián y yo en moto; con ella llegamos a Vinaroz, se nos cayó entera la piel; dormimos en un sitio de mala mujerte, y al día siguiente estábamos en Valencia. Y a la vuelta, los otros dos cogieron la moto y a nosotros nos tocó hacer dedo.
Muy pronto le tocó asumir tareas de dirección, acudir a reuniones de alcance regional o nacional. Aprendió a hablar, sus lecturas le proporcionaban un vocabulario y una facilidad de expresarse superior a los demás.
Y finalmente le tocó asumir la presidencia de la JOC a nivel de toda la Rioja. Pero por poco tiempo, porque no sabemos qué denuncias o infundios llegaron hasta la Comisión Nacional de la JOC y desde Madrid nos amenazaron con represalias si no lo retirábamos de presidente de la JOC riojana.
El no se inmutó. Es decir, seguro que le afectó el bofetón, pero siguió adelante con su trabajo.
De repente, un buen día, en vísperas de las ferias y fiestas de San Mateo de la capital de la Rioja, Logroño, su trabajo dió un resultado sorprendente. El gobernador civil prohibió la participación de menores de 18 años en los "chamizos", locales que las cuadrillas alquilaban para pasar las fiestas a su bola.
La prohibición se publicó por la mañana en periódicos y radio. A la noche, en el Espolón, la plaza a la que se asoma el Gobierno Civil, más de quinientos jóvenes hicieron una sentada de protesta. Era el resultado de un nuevo sentido y conciencia de la juventud, de la juventud trabajadora de Logroño, era el final de un trabajo silencioso de Julián. Quizá la gente de Logroño, los historiadores, no han percibido todavía esa impronto que dejó Julián en aquel mundo.
La JOC, por otra parte, tuvo en los años 60 el acierto de abrir a la juventud española a Europa y al mundo. Hacia 1966 se celebró un Rallye europeo, una concentración de jóvenes obreros de toda Europa en Estrasburgo. Hicimos un esfuerzo sobrehumano para financiar el viaje de una media docena de riojanos a aquella cita.
Por mi parte, yo tuve también la corazonada de que aquellos jóvenes necesitaban abrirse a Europa, emigrar. Primero porque la situación económica y laboral no era nada boyante, segundo porque aquellos jóvenes tenían derecho a conocer mundo, a dialogar con todo el mundo, a abrirse. Tenían necesidad de entrar en contacto con los que habían huído de la guerra civil, con el partido comunista y el PSOE que estaban organizados en Francia y en Europa, de conectar con las luchas antifranquistas que estaban en marcha allí fuera.
Antes que Julián se fue un trabajador de una fábrica de caramelos de café con leche, a París, más tarde otro a Suiza, y finalmente Julián se encaminó hacia París. Julián y el de la fábrica de caramelos entraron inmediatamente en relación con el PCE. El caramelero con más intensidad. Julián con ciertas reticencias...
Y aquí me toca afrontar esas reticencias mutuas de Julián con las organizaciones "establecidas" y "disciplinadas". Yo diría que mu pronto se producen entre Julián y esas organizaciones desencuentros y enfrentamientos que tocan directísimamente a la libertad innegociable de la persona ante la estructura, de que se respete ese margen de autonomía personal y de libertad en la acción sin el cual uno se asfixia.
Parece como si a Julián le hubiese tocado siempre hacer la guerra por su cuenta, renunciar a cosechar los éxitos y a apuntarse las batallas ganadas, arrimar el hombro al trabajo y quedarse a dos velas a la hora de la cosecha. Y como si Julián hubiese aceptado ese rol tan puro, tan humano, tan heroico, de dar sin recibir, de dar y darse gratis, por nada.
Así murió. Sin seguridad social, siempre aborreció cualqueir fórmula de previsión y de ahorro para el futuro, murió como un perro sarnoso recogido en la calle.
El caso es que su viaje a París tuvo su continuación. Si no pudo contar con ayuda familiar a la hora de marcharse a Francia, faltó tiempo para que sus padres y dos hermanos y una tía siguiesen sus pasos, y por supuesto le tocó a él prepararles la llegada y ayudarles a dar los primeros pasos por París. La familia Rezola se hizo emigrante y francesa, y comenzó a vivir con cierta holgura.
Y finalmente volvió, todos los militantes obreros de la época debían volver más tarde o más temprano a continuar la lucha en España. Y en España continuó su trabajo de educador de jóvenes con nuevas herramientas, con una preparación profesional como educador, y un programa y unas consignas políticas como guía.
Por aquellas fechas, finales de la década de los 60, el PCE contaba ya con una estructura mínima en la Rioja, y mantenía relaciones con la Acción Católica Obrera. Se había planificado la celebración del Primero de Mayo de acuerdo entre cristianos y comunistas. Solo se celebraría una misa v espertina de San José Obrero, y no habría nada hacia el exterior.
Pero algo no cuadraba, Julián y sus jóvenes habían planificado una acción sorpresa para la noche del 30 de abril. Y necesitaban mi coche, yo para entonces contaba con un 2CV prestado por un cura amigo. Proyectaban hacer una pintada por los barrios obreros de Logroño, y para ello acamparían a 6 kilómetros de la ciudad, en una chopera del Iregua, bajarían en "nuestro" coche hacia las 3 de la noche, yo los llevaría por grupos a los distintos barrios, harían la pintada y hacia las cuatro volvería a recogerlos a otro lugar.
A mí me tocó decidir si debía aceptar la disciplina de Julián Rezola y los jóvenes, o el acuerdo dee las direcciones de cristianos y comunistas. Y opté por los jóvenes, la acción se llevó a cabo, hubo alguna escaramuza como final de fiesta, nos fuimos el 1 de mayo a tomar el vermut a la bodega de mi pueblo, y todos felices.
Los días siguientes detuvieron a alguno de los autores del desaguisado. La policía pudo enterarse y cerciorarse de quiénes habíamos sido los autores, pero no pudieron demostrar nada. O no quisieron...
Pero quedó bien clara esa constante en la línea de actuación de Julián, su dificultad para encajar en los planes preestablecidos, en las decisiones que quizá se toman sin la correspondiente consulta de las opiniones de todos, sin el juego democrático mínimamente aceptable. Sigo con mi historia. Me estoy gustando...Me encanta hablar de Julián.
Más tarde yo mismo seguí el camino que abriera Julián hasta París, y allí encontré una cálida acogida de su familia: sus padres, su tía...
El siguió en Logroño, desarrollando su labor con los jóvenes, más o menos rechazado por el PCE, para no perder la costumbre, y más tarde rechazada también por los mismos que al principio colaboraron con él como educadores de calle.
Volví a Logroño, ya casado y con hijos, en el 75, colaboré en el lanzamiento del PCE, las primeras elecciones democráticas, el Referendum de la Constitución...
Pero para entonces Julián ya estaba en Pamplona, embarcado en la nueva aventura de la UGT. El contacto se había roto. Pero seguía haciendo algo que nos mantenía unidos, el recuerdo, la añoranza de un estilo de acción y una filosofía un tanto ácrata, infantil e ingenua, limpia, sin trampa ni cartón.
Tampoco sé por qué dejó Pamplona y se fue a Barcelona, aunque me imagino que siempre ocurría lo mismo, ese afán irrenunciable de libertad, de espontaneidad, esa filosofía en los antípodas de la propiedad privada y el individualismo, toda esa forma de ser irrenunciable e inimitable de Julián Rezola.
Y nos buscamos el uno al otro, yo fui varias veces a verlo a su palomar de Canaletas, a aquel ático desde donde se pueden oler los pies de Cristóbal Colón.
El muy pillín! Yo creo que se daba cuenta de que se me iban los jos detrás de las "gachís" que tentaban a los viandantes desde todas las esquinas y todas las fachadas, y me dejaba caer: Podíamos decirle algo a esa...
Me llevaba a cenar con una comunidad de frailes amigos. A comer con sus colegas de aventuras de Barcelona.
Y luego nos escribíamos, cartas con la mejor literatura de que éramos capaces, cartas de pura simpatía, de contarnos nuestras vidas insignificantes, de comunicarnos nuestras inquietudes de índole política, sindical, social...
El quiso despedirse de mí en Logroño, el verano en que la muerte se le anunciaba para muy pronto.
Creo que desde nuestro primer encuentro, él estrenando adolescencia y trabajo de aprendiz, y yo trabajo de consiliario de obreros en la JOC, se produjo entre los dos una química especial.
A mí, trece años en el seminario, tres años de "profesional" de una parroquia, entre púlpitos, confesonarios, misas y demás actos profesionales que hoy parecen un tanto absurdos, a mí me hacía falta encontrarme con el mundo tal cual es, con el sentir de la calle, con el ritmo de vida y los problemas de un joven que empieza a vivir, y de todo el mundo que me rodeaba.
Más aún, me hacía falta soltar todo el lastre de una educación inspirada en los principios más rígidos y cabrones del franquismo, en el desprecio de la clase obrera, de la civilización industrial, de los "rojos". Ten en cuenta que estábamos en el 1960.
A él...a él le hacía falta ganarse el pan de cada día, pero algo más, algo de alcance puramente espiritual. Necesitaba desarrollar toda su capacidad y ansia de darse, de crear vínculos con el mundo obrero que le rodeaba, de despertar en los jóvenes ganas de vivir, de organizarse, de enfrentarse a un mundo que los tenía condenados a la esclavitud. Y por supuesto, mejorar su cultura general, aprender a leer, a hablar, a discutir y dialogar, a relacionarse con unos y con otros, sentirse alguien, valorado y tenido en cuenta a su alrededor.
Porque, hijo de una familia proletaria, hermano de otros cinco hermanos, sus padres agobiados por el afán de traer a casa el pan de cada día, el padre además un poco cogido por el alcohol, Julián, como la mayoría de los jóvenes obreros de entonces, sufría terriblemente las carencias de una vida familiar inexistente, sin calor de hogar, sin pan, una vida de perro callejero.
El tuvo un acierto, una intuición, un salero especial, supo rodearse de educadores y se dejó llevar por ellos. Primero de un atleta muy deportivo y educador, José Luis Alvarez, que lo llevó a la JOC, luego de la misma JOC, en la cual colaboró desde el principio con absoluto entusiasmo y entrega, asumió las responsabilidades que se le encomendaron, y se dejó "modelar" por el consiliario que intenté ser para él desde que le conocí.
Hay algo muy especial en su personalidad, algo que difícilmente se encuentra en el común de las personas...ulián vivía en un universo donde no existe la propiedad privada, ni los conceptos tuyo y mío, donde todo es común y se toma según las necesidades de cada uno. Un universo en que el dinero no tiene ningún valor ni otorga ningun privilegio. Todo lo suyo estaba a disposición de todos, y de nosotros tomaba todo aquello que necesitaba o le apetecía y sabía que estábamos dispuestos a ofrecérselo, porque era tremendamente respetuoso. Y además infinitamente generoso, capaz de cualqueir sacrificio por los amigos, por llevar adelante las actividades que nos proponíamos.
He conocido muy pocas personas con esa mentalidad. Dos o tres. Y tengo la impresión de que todas ellas estaban impregnadas de ese sentido comunitario que imprimió ene la clase trabajadora española el anarquismo, el cual tuvo una difusión muy amplia y profunda en la Rioja.
Unámos a ese rasgo tan especial de Julián el otro, sus hondas raíces obreras y revolucionarias. He dicho que su familia era una familia rota, hundida en la miseria, al borde del analfabetismo, aficionados al alcohol, viviendo en unas condiciones casi inhumanas. Y sin embargo, tanto sus padres como sus tíos conservaban intacta toda la ideología de los perdedores de la guerra civil, de los fusilados de La Barranca de Lardero.
Derrotados, pero con todos los ideales a punto. Despojados de todo, pero con un sentido muy fino de la estrategia a seguir en aquellos tiempos de represión y silencio. Julián tenía un trato especial con un tío que vivía como un clochard, aocoholizado, trabajando a rachas en el andamio, pero tremendamente clarividente y cultivado.
Para mí, en el seminario desde los 10 hasta los 23 años, tres años de cura en una iglesia, con mis sermones, mi confesonario, mis rezos, mis misas, Julián significaba el punto de encuentro y la conexión con el mundo obrero, con los jóvenes obreros a los que había sido enviado. Suponía además la liberación y la puesta en entredicho de toda la mentalidad fascista y franquista en la que había sido educado, a más de un primer encuentro con el mundo de la industria, tan diferente del mundo rural del que yo procedía.
Julián tuvo el acierto de rodearse de educadores y dejarse guiar dócilmente por ellos. Primero fue un entrenador deportivo, corredor de fondo, que además de introducirlo en el deporte le llevó a la JOC. Luego conectó con los curas que se le acercaron, aunque con un criterio selectivo; no se confiaba a cualquiera, sabía marcar las distancias y las aproximaciones. Leía mucho, devoró con hambre toda la literatura que la JOC proporcionaba en aquel entonces: Pescadores de hombres, de Maxence Van dder Meersch, obras de Cardijn, el fundador de la JOC, etc. etc.
Llegó a la JOC con apenas 15 años. Trabajaba en un taller de máquina herramienta, y pasaba por delante de mi residencia todas las mañanas camino del trabajo. Nos veíamos, con los fervores de aquellos años procurábamos mantenernos en gracia de Dios todos los días.
Hacía proselitismo, a su llegada los grupos de aprendices se multiplicaron como setas ene la JOC; se manejaba con ellos a base de excursiones y acampadas los fines de semana. Y para temas de intendencia contaba con la moto del consiliario, mi moto y yo de motorista. Cientos de veces me tocó llevarlo y traerlo a los lugares de acampada, hacerles las compras para la comida. Así como acudir en moto él y yo hasta doscientos kilómetros de distancia a reuniones regionales o nacionales. Y a la chita callando los empujaba a acciones de enfrentamiento y compromiso en el trabajo, con la familia, en la calle.
Nos tocó acudir al Consejo Nacional de la JOC en Valencia, por Santiago, 25 de julio. No teníamos dinero, teníamos que acudir cuatro con una sola moto. Nos turnamos; dos empezaron el viaje en autostop, Julián y yo en moto; con ella llegamos a Vinaroz, se nos cayó entera la piel; dormimos en un sitio de mala mujerte, y al día siguiente estábamos en Valencia. Y a la vuelta, los otros dos cogieron la moto y a nosotros nos tocó hacer dedo.
Muy pronto le tocó asumir tareas de dirección, acudir a reuniones de alcance regional o nacional. Aprendió a hablar, sus lecturas le proporcionaban un vocabulario y una facilidad de expresarse superior a los demás.
Y finalmente le tocó asumir la presidencia de la JOC a nivel de toda la Rioja. Pero por poco tiempo, porque no sabemos qué denuncias o infundios llegaron hasta la Comisión Nacional de la JOC y desde Madrid nos amenazaron con represalias si no lo retirábamos de presidente de la JOC riojana.
El no se inmutó. Es decir, seguro que le afectó el bofetón, pero siguió adelante con su trabajo.
De repente, un buen día, en vísperas de las ferias y fiestas de San Mateo de la capital de la Rioja, Logroño, su trabajo dió un resultado sorprendente. El gobernador civil prohibió la participación de menores de 18 años en los "chamizos", locales que las cuadrillas alquilaban para pasar las fiestas a su bola.
La prohibición se publicó por la mañana en periódicos y radio. A la noche, en el Espolón, la plaza a la que se asoma el Gobierno Civil, más de quinientos jóvenes hicieron una sentada de protesta. Era el resultado de un nuevo sentido y conciencia de la juventud, de la juventud trabajadora de Logroño, era el final de un trabajo silencioso de Julián. Quizá la gente de Logroño, los historiadores, no han percibido todavía esa impronto que dejó Julián en aquel mundo.
La JOC, por otra parte, tuvo en los años 60 el acierto de abrir a la juventud española a Europa y al mundo. Hacia 1966 se celebró un Rallye europeo, una concentración de jóvenes obreros de toda Europa en Estrasburgo. Hicimos un esfuerzo sobrehumano para financiar el viaje de una media docena de riojanos a aquella cita.
Por mi parte, yo tuve también la corazonada de que aquellos jóvenes necesitaban abrirse a Europa, emigrar. Primero porque la situación económica y laboral no era nada boyante, segundo porque aquellos jóvenes tenían derecho a conocer mundo, a dialogar con todo el mundo, a abrirse. Tenían necesidad de entrar en contacto con los que habían huído de la guerra civil, con el partido comunista y el PSOE que estaban organizados en Francia y en Europa, de conectar con las luchas antifranquistas que estaban en marcha allí fuera.
Antes que Julián se fue un trabajador de una fábrica de caramelos de café con leche, a París, más tarde otro a Suiza, y finalmente Julián se encaminó hacia París. Julián y el de la fábrica de caramelos entraron inmediatamente en relación con el PCE. El caramelero con más intensidad. Julián con ciertas reticencias...
Y aquí me toca afrontar esas reticencias mutuas de Julián con las organizaciones "establecidas" y "disciplinadas". Yo diría que mu pronto se producen entre Julián y esas organizaciones desencuentros y enfrentamientos que tocan directísimamente a la libertad innegociable de la persona ante la estructura, de que se respete ese margen de autonomía personal y de libertad en la acción sin el cual uno se asfixia.
Parece como si a Julián le hubiese tocado siempre hacer la guerra por su cuenta, renunciar a cosechar los éxitos y a apuntarse las batallas ganadas, arrimar el hombro al trabajo y quedarse a dos velas a la hora de la cosecha. Y como si Julián hubiese aceptado ese rol tan puro, tan humano, tan heroico, de dar sin recibir, de dar y darse gratis, por nada.
Así murió. Sin seguridad social, siempre aborreció cualqueir fórmula de previsión y de ahorro para el futuro, murió como un perro sarnoso recogido en la calle.
El caso es que su viaje a París tuvo su continuación. Si no pudo contar con ayuda familiar a la hora de marcharse a Francia, faltó tiempo para que sus padres y dos hermanos y una tía siguiesen sus pasos, y por supuesto le tocó a él prepararles la llegada y ayudarles a dar los primeros pasos por París. La familia Rezola se hizo emigrante y francesa, y comenzó a vivir con cierta holgura.
Y finalmente volvió, todos los militantes obreros de la época debían volver más tarde o más temprano a continuar la lucha en España. Y en España continuó su trabajo de educador de jóvenes con nuevas herramientas, con una preparación profesional como educador, y un programa y unas consignas políticas como guía.
Por aquellas fechas, finales de la década de los 60, el PCE contaba ya con una estructura mínima en la Rioja, y mantenía relaciones con la Acción Católica Obrera. Se había planificado la celebración del Primero de Mayo de acuerdo entre cristianos y comunistas. Solo se celebraría una misa v espertina de San José Obrero, y no habría nada hacia el exterior.
Pero algo no cuadraba, Julián y sus jóvenes habían planificado una acción sorpresa para la noche del 30 de abril. Y necesitaban mi coche, yo para entonces contaba con un 2CV prestado por un cura amigo. Proyectaban hacer una pintada por los barrios obreros de Logroño, y para ello acamparían a 6 kilómetros de la ciudad, en una chopera del Iregua, bajarían en "nuestro" coche hacia las 3 de la noche, yo los llevaría por grupos a los distintos barrios, harían la pintada y hacia las cuatro volvería a recogerlos a otro lugar.
A mí me tocó decidir si debía aceptar la disciplina de Julián Rezola y los jóvenes, o el acuerdo dee las direcciones de cristianos y comunistas. Y opté por los jóvenes, la acción se llevó a cabo, hubo alguna escaramuza como final de fiesta, nos fuimos el 1 de mayo a tomar el vermut a la bodega de mi pueblo, y todos felices.
Los días siguientes detuvieron a alguno de los autores del desaguisado. La policía pudo enterarse y cerciorarse de quiénes habíamos sido los autores, pero no pudieron demostrar nada. O no quisieron...
Pero quedó bien clara esa constante en la línea de actuación de Julián, su dificultad para encajar en los planes preestablecidos, en las decisiones que quizá se toman sin la correspondiente consulta de las opiniones de todos, sin el juego democrático mínimamente aceptable. Sigo con mi historia. Me estoy gustando...Me encanta hablar de Julián.
Más tarde yo mismo seguí el camino que abriera Julián hasta París, y allí encontré una cálida acogida de su familia: sus padres, su tía...
El siguió en Logroño, desarrollando su labor con los jóvenes, más o menos rechazado por el PCE, para no perder la costumbre, y más tarde rechazada también por los mismos que al principio colaboraron con él como educadores de calle.
Volví a Logroño, ya casado y con hijos, en el 75, colaboré en el lanzamiento del PCE, las primeras elecciones democráticas, el Referendum de la Constitución...
Pero para entonces Julián ya estaba en Pamplona, embarcado en la nueva aventura de la UGT. El contacto se había roto. Pero seguía haciendo algo que nos mantenía unidos, el recuerdo, la añoranza de un estilo de acción y una filosofía un tanto ácrata, infantil e ingenua, limpia, sin trampa ni cartón.
Tampoco sé por qué dejó Pamplona y se fue a Barcelona, aunque me imagino que siempre ocurría lo mismo, ese afán irrenunciable de libertad, de espontaneidad, esa filosofía en los antípodas de la propiedad privada y el individualismo, toda esa forma de ser irrenunciable e inimitable de Julián Rezola.
Y nos buscamos el uno al otro, yo fui varias veces a verlo a su palomar de Canaletas, a aquel ático desde donde se pueden oler los pies de Cristóbal Colón.
El muy pillín! Yo creo que se daba cuenta de que se me iban los jos detrás de las "gachís" que tentaban a los viandantes desde todas las esquinas y todas las fachadas, y me dejaba caer: Podíamos decirle algo a esa...
Me llevaba a cenar con una comunidad de frailes amigos. A comer con sus colegas de aventuras de Barcelona.
Y luego nos escribíamos, cartas con la mejor literatura de que éramos capaces, cartas de pura simpatía, de contarnos nuestras vidas insignificantes, de comunicarnos nuestras inquietudes de índole política, sindical, social...
El quiso despedirse de mí en Logroño, el verano en que la muerte se le anunciaba para muy pronto.
domingo, 9 de octubre de 2011
PREFERIMOS LA CALLE...
PREFERIMOS LA CALLE...
Nos relacionamos con personas concretas, con nombres y apellidos y con sus propios problemas. De ese roce diario surgió amistad, confianza y compromiso y la autoridad moral para jugar juntos, abrazar, enfadarnos o poner límites en su justo momento.
Sabemos que no podemos permanecer con los brazos cruzados ante las situaciones de deterioro y desigualdad porque seríamos cómplices de esas mismas situaciones provocadas por nuestro Estado y la sociedad en su conjunto.
Aunque desde los despachos enmoquetados se pueden realizar trámites y gestiones burocráticas, sabemos que la lucha está en la calle y sólo desde ese lugar físico se puede hablar de verdadera implicación.
Respetamos a los chavales, verdaderos protagonistas de sus procesos de maduración, cambio o transformación. Nos relacionamos con ellos a través de cosas sencillas: charlar, organizar una excursión . Lo pasamos bien juntos, unas veces favoreciendo la solución de sus pequeños problemas, otras acompañándoles en sus crisis, otras orientándoles en sus estudios o salidas ocupacionales...
Nuestra ambición no nos ciega, y aunque nos gustaría cambiar muchas situaciones, sabemos que somos una pequeña fuerza que se une a otras para que así pueda obrar el milagro.
El día se nos hace pequeño para atender todas las necesidades de los chavales y tenemos que “chupar moqueta” realizando proyectos, memorias, reuniones, cursillos, encuentros, jornadas, comisiones... Pero aun así preferimos la calle.
Sabemos que no podemos permanecer con los brazos cruzados ante las situaciones de deterioro y desigualdad porque seríamos cómplices de esas mismas situaciones provocadas por nuestro Estado y la sociedad en su conjunto.
Aunque desde los despachos enmoquetados se pueden realizar trámites y gestiones burocráticas, sabemos que la lucha está en la calle y sólo desde ese lugar físico se puede hablar de verdadera implicación.
Respetamos a los chavales, verdaderos protagonistas de sus procesos de maduración, cambio o transformación. Nos relacionamos con ellos a través de cosas sencillas: charlar, organizar una excursión . Lo pasamos bien juntos, unas veces favoreciendo la solución de sus pequeños problemas, otras acompañándoles en sus crisis, otras orientándoles en sus estudios o salidas ocupacionales...
Nuestra ambición no nos ciega, y aunque nos gustaría cambiar muchas situaciones, sabemos que somos una pequeña fuerza que se une a otras para que así pueda obrar el milagro.
El día se nos hace pequeño para atender todas las necesidades de los chavales y tenemos que “chupar moqueta” realizando proyectos, memorias, reuniones, cursillos, encuentros, jornadas, comisiones... Pero aun así preferimos la calle.
Placa a Julián Rezola en la casa donde nació
Asistentes a la colocación de la placa conmemorativa en el número 28 de la plaza del Mercado. :: JONATHAN HERREROS LA RIOJA 09/10/ 2011
Placa de homenaje a Julián Rezola,
A dos años de su muerte, hoy sábado, los amigos de Julián Rezola, convocados por el Consejo de la Juventud, se volverán a juntar para celebrar las II Jornadas de Homenaje en reconocimiento a su aportación pedagógica como introductor de la Educación de Calle en España y creador del Movimiento Pioneros en Logroño, Pamplona, Oviedo y Barcelona.
Entre otras cosas, se celebrará un emotivo acto con la colocación de una placa conmemorativa de homenaje a Julián Rezola en la casa donde nació, en la plaza del Mercado nº 28 de Logroño. A continuación se desarrollarán varias conferencias para promover el debate y la reflexión sobre la práctica de la Educación de Calle hoy en día. LA RIOJA 08/10/2011
viernes, 30 de septiembre de 2011
lunes, 26 de septiembre de 2011
VIAJE CON NOSOTROS
Viaje con nosotros.
Se me venían a la cabeza recientemente razones que tenemos
para hacer un viaje colectivo al recuerdo de Julián.
Hoy día que la tan nombrada crisis nos toca de lleno,
retrayéndonos de viajar físicamente o en nuestra imaginación a lugares de
ensueño, insospechados, bonitos o distintos, recordar a Julián es un viaje a
través de la experiencia que nos lleva al mundo de los deseos de formar parte
de un mundo mejor. Viajar a su recuerdo nos permite pensar en ellos. Un lujo en
tiempos de crisis, te sale gratis.
Ese viaje gratuito te lleva a rememorar a alguien abierto,
directo y cercano incitándote a ejercer lar responsabilidad de implicarte.
Momentos, lugares, experiencias, personas… .
Sentirlos tuyos e identificarte con ellos, seleccionándolos
de entre un mundo de marcas, banderas, pins, posters o logotipos que saturan,
agobian y van dirigidas a lo más profundo del cerebro, te hace experimentar la
idea de libertad, para reivindicar un mundo mejor. El viaje, un lujo para los
sentidos. Libertad. Sol y sombra para el alma.
Somos, vivimos y también hemos vivido, podemos
reencontrarnos con “palabras preñadas de contenido”, decía Julián, citando a
Paulo Freire, apoyado en su imperturbable periódico. Amistad, Libertad y Lucha.
Cierzo, viento fresquito del norte que da motivos para el viaje por que te
despeja las neuronas y hace que te hagas preguntas. “Entretenimiento” con las
palabras, para la travesía.
Preguntas, preguntas, asambleas inacabadas, ¿donde radica el
placer de hacerse preguntas?. Algunas respuestas tienen puentes, hoy como ayer,
reconocerlas y encontrar los puentes de las actuales entre tanto camino que no
lleva a ninguna parte, oxigena la sangre y te hace ver realidades desnudas. Más
no se puede pedir. Salud.
Razones para un viaje agradecido a la memoria y al recuerdo
de Julián, el hombre y el mundo. Viaje con nosotros.
Oviedo 21 de septiembre de 2011
Iñaki Olazagoitia Casero
Educador
viernes, 8 de julio de 2011
AMIGO JULIAN
Me decido a escribirte para ti y para todos aquellos a quienes pueda interesar cómo fue mi relación con Julián, al que debo mucho y del que aprendí casi todo lo que vale la pena saber de esta y de todas las vidas.
Creo que desde nuestro primer encuentro, él estrenando adolescencia y trabajo de aprendiz, y yo trabajo de consiliario de obreros en la JOC, se produjo entre los dos una química especial.
A mí, trece años en el seminario, tres años de "profesional" de una parroquia, entre púlpitos, confesonarios, misas y demás actos profesionales que hoy parecen un tanto absurdos, a mí me hacía falta encontrarme con el mundo tal cual es, con el sentir de la calle, con el ritmo de vida y los problemas de un joven que empieza a vivir, y de todo el mundo que me rodeaba.
Más aún, me hacía falta soltar todo el lastre de una educación inspirada en los principios más rígidos y cabrones del franquismo, en el desprecio de la clase obrera, de la civilización industrial, de los "rojos". Ten en cuenta que estábamos en el 1960.
A él...a él le hacía falta ganarse el pan de cada día, pero algo más, algo de alcance puramente espiritual. Necesitaba desarrollar toda su capacidad y ansia de darse, de crear vínculos con el mundo obrero que le rodeaba, de despertar en los jóvenes ganas de vivir, de organizarse, de enfrentarse a un mundo que los tenía condenados a la esclavitud. Y por supuesto, mejorar su cultura general, aprender a leer, a hablar, a discutir y dialogar, a relacionarse con unos y con otros, sentirse alguien, valorado y tenido en cuenta a su alrededor.
Porque, hijo de una familia proletaria, hermano de otros cinco hermanos, sus padres agobiados por el afán de traer a casa el pan de cada día, el padre además un poco cogido por el alcohol, Julián, como la mayoría de los jóvenes obreros de entonces, sufría terriblemente las carencias de una vida familiar inexistente, sin calor de hogar, sin pan, una vida de perro callejero.
El tuvo un acierto, una intuición, un salero especial, supo rodearse de educadores y se dejó llevar por ellos. Primero de un atleta muy deportivo y educador, José Luis Alvarez, que lo llevó a la JOC, luego de la misma JOC, en la cual colaboró desde el principio con absoluto entusiasmo y entrega, asumió las responsabilidades que se le encomendaron, y se dejó "modelar" por el consiliario que intenté ser para él desde que le conocí.
Hay algo muy especial en su personalidad, algo que difícilmente se encuentra en el común de las personas...ulián vivía en un universo donde no existe la propiedad privada, ni los conceptos tuyo y mío, donde todo es común y se toma según las necesidades de cada uno. Un universo en que el dinero no tiene ningún valor ni otorga ningun privilegio. Todo lo suyo estaba a disposición de todos, y de nosotros tomaba todo aquello que necesitaba o le apetecía y sabía que estábamos dispuestos a ofrecérselo, porque era tremendamente respetuoso. Y además infinitamente generoso, capaz de cualqueir sacrificio por los amigos, por llevar adelante las actividades que nos proponíamos.
He conocido muy pocas personas con esa mentalidad. Dos o tres. Y tengo la impresión de que todas ellas estaban impregnadas de ese sentido comunitario que imprimió ene la clase trabajadora española el anarquismo, el cual tuvo una difusión muy amplia y profunda en la Rioja.
Unámos a ese rasgo tan especial de Julián el otro, sus hondas raíces obreras y revolucionarias. He dicho que su familia era una familia rota, hundida en la miseria, al borde del analfabetismo, aficionados al alcohol, viviendo en unas condiciones casi inhumanas. Y sin embargo, tanto sus padres como sus tíos conservaban intacta toda la ideología de los perdedores de la guerra civil, de los fusilados de La Barranca de Lardero.
Derrotados, pero con todos los ideales a punto. Despojados de todo, pero con un sentido muy fino de la estrategia a seguir en aquellos tiempos de represión y silencio. Julián tenía un trato especial con un tío que vivía como un clochard, aocoholizado, trabajando a rachas en el andamio, pero tremendamente clarividente y cultivado.
Para mí, en el seminario desde los 10 hasta los 23 años, tres años de cura en una iglesia, con mis sermones, mi confesonario, mis rezos, mis misas, Julián significaba el punto de encuentro y la conexión con el mundo obrero, con los jóvenes obreros a los que había sido enviado. Suponía además la liberación y la puesta en entredicho de toda la mentalidad fascista y franquista en la que había sido educado, a más de un primer encuentro con el mundo de la industria, tan diferente del mundo rural del que yo procedía.
Julián tuvo el acierto de rodearse de educadores y dejarse guiar dócilmente por ellos. Primero fue un entrenador deportivo, corredor de fondo, que además de introducirlo en el deporte le llevó a la JOC. Luego conectó con los curas que se le acercaron, aunque con un criterio selectivo; no se confiaba a cualquiera, sabía marcar las distancias y las aproximaciones. Leía mucho, devoró con hambre toda la literatura que la JOC proporcionaba en aquel entonces: Pescadores de hombres, de Maxence Van dder Meersch, obras de Cardijn, el fundador de la JOC, etc. etc.
Llegó a la JOC con apenas 15 años. Trabajaba en un taller de máquina herramienta, y pasaba por delante de mi residencia todas las mañanas camino del trabajo. Nos veíamos, con los fervores de aquellos años procurábamos mantenernos en gracia de Dios todos los días.
Hacía proselitismo, a su llegada los grupos de aprendices se multiplicaron como setas ene la JOC; se manejaba con ellos a base de excursiones y acampadas los fines de semana. Y para temas de intendencia contaba con la moto del consiliario, mi moto y yo de motorista. Cientos de veces me tocó llevarlo y traerlo a los lugares de acampada, hacerles las compras para la comida. Así como acudir en moto él y yo hasta doscientos kilómetros de distancia a reuniones regionales o nacionales. Y a la chita callando los empujaba a acciones de enfrentamiento y compromiso en el trabajo, con la familia, en la calle.
Nos tocó acudir al Consejo Nacional de la JOC en Valencia, por Santiago, 25 de julio. No teníamos dinero, teníamos que acudir cuatro con una sola moto. Nos turnamos; dos empezaron el viaje en autostop, Julián y yo en moto; con ella llegamos a Vinaroz, se nos cayó entera la piel; dormimos en un sitio de mala mujerte, y al día siguiente estábamos en Valencia. Y a la vuelta, los otros dos cogieron la moto y a nosotros nos tocó hacer dedo.
Muy pronto le tocó asumir tareas de dirección, acudir a reuniones de alcance regional o nacional. Aprendió a hablar, sus lecturas le proporcionaban un vocabulario y una facilidad de expresarse superior a los demás.
Y finalmente le tocó asumir la presidencia de la JOC a nivel de toda la Rioja. Pero por poco tiempo, porque no sabemos qué denuncias o infundios llegaron hasta la Comisión Nacional de la JOC y desde Madrid nos amenazaron con represalias si no lo retirábamos de presidente de la JOC riojana.
El no se inmutó. Es decir, seguro que le afectó el bofetón, pero siguió adelante con su trabajo.
De repente, un buen día, en vísperas de las ferias y fiestas de San Mateo de la capital de la Rioja, Logroño, su trabajo dió un resultado sorprendente. El gobernador civil prohibió la participación de menores de 18 años en los "chamizos", locales que las cuadrillas alquilaban para pasar las fiestas a su bola.
La prohibición se publicó por la mañana en periódicos y radio. A la noche, en el Espolón, la plaza a la que se asoma el Gobierno Civil, más de quinientos jóvenes hicieron una sentada de protesta. Era el resultado de un nuevo sentido y conciencia de la juventud, de la juventud trabajadora de Logroño, era el final de un trabajo silencioso de Julián. Quizá la gente de Logroño, los historiadores, no han percibido todavía esa impronto que dejó Julián en aquel mundo.
La JOC, por otra parte, tuvo en los años 60 el acierto de abrir a la juventud española a Europa y al mundo. Hacia 1966 se celebró un Rallye europeo, una concentración de jóvenes obreros de toda Europa en Estrasburgo. Hicimos un esfuerzo sobrehumano para financiar el viaje de una media docena de riojanos a aquella cita.
Por mi parte, yo tuve también la corazonada de que aquellos jóvenes necesitaban abrirse a Europa, emigrar. Primero porque la situación económica y laboral no era nada boyante, segundo porque aquellos jóvenes tenían derecho a conocer mundo, a dialogar con todo el mundo, a abrirse. Tenían necesidad de entrar en contacto con los que habían huído de la guerra civil, con el partido comunista y el PSOE que estaban organizados en Francia y en Europa, de conectar con las luchas antifranquistas que estaban en marcha allí fuera.
Antes que Julián se fue un trabajador de una fábrica de caramelos de café con leche, a París, más tarde otro a Suiza, y finalmente Julián se encaminó hacia París. Julián y el de la fábrica de caramelos entraron inmediatamente en relación con el PCE. El caramelero con más intensidad. Julián con ciertas reticencias...
Y aquí me toca afrontar esas reticencias mutuas de Julián con las organizaciones "establecidas" y "disciplinadas". Yo diría que mu pronto se producen entre Julián y esas organizaciones desencuentros y enfrentamientos que tocan directísimamente a la libertad innegociable de la persona ante la estructura, de que se respete ese margen de autonomía personal y de libertad en la acción sin el cual uno se asfixia.
Parece como si a Julián le hubiese tocado siempre hacer la guerra por su cuenta, renunciar a cosechar los éxitos y a apuntarse las batallas ganadas, arrimar el hombro al trabajo y quedarse a dos velas a la hora de la cosecha. Y como si Julián hubiese aceptado ese rol tan puro, tan humano, tan heroico, de dar sin recibir, de dar y darse gratis, por nada.
Así murió. Sin seguridad social, siempre aborreció cualqueir fórmula de previsión y de ahorro para el futuro, murió como un perro sarnoso recogido en la calle.
El caso es que su viaje a París tuvo su continuación. Si no pudo contar con ayuda familiar a la hora de marcharse a Francia, faltó tiempo para que sus padres y dos hermanos y una tía siguiesen sus pasos, y por supuesto le tocó a él prepararles la llegada y ayudarles a dar los primeros pasos por París. La familia Rezola se hizo emigrante y francesa, y comenzó a vivir con cierta holgura.
Y finalmente volvió, todos los militantes obreros de la época debían volver más tarde o más temprano a continuar la lucha en España. Y en España continuó su trabajo de educador de jóvenes con nuevas herramientas, con una preparación profesional como educador, y un programa y unas consignas políticas como guía.
Por aquellas fechas, finales de la década de los 60, el PCE contaba ya con una estructura mínima en la Rioja, y mantenía relaciones con la Acción Católica Obrera. Se había planificado la celebración del Primero de Mayo de acuerdo entre cristianos y comunistas. Solo se celebraría una misa v espertina de San José Obrero, y no habría nada hacia el exterior.
Pero algo no cuadraba, Julián y sus jóvenes habían planificado una acción sorpresa para la noche del 30 de abril. Y necesitaban mi coche, yo para entonces contaba con un 2CV prestado por un cura amigo. Proyectaban hacer una pintada por los barrios obreros de Logroño, y para ello acamparían a 6 kilómetros de la ciudad, en una chopera del Iregua, bajarían en "nuestro" coche hacia las 3 de la noche, yo los llevaría por grupos a los distintos barrios, harían la pintada y hacia las cuatro volvería a recogerlos a otro lugar.
A mí me tocó decidir si debía aceptar la disciplina de Julián Rezola y los jóvenes, o el acuerdo dee las direcciones de cristianos y comunistas. Y opté por los jóvenes, la acción se llevó a cabo, hubo alguna escaramuza como final de fiesta, nos fuimos el 1 de mayo a tomar el vermut a la bodega de mi pueblo, y todos felices.
Los días siguientes detuvieron a alguno de los autores del desaguisado. La policía pudo enterarse y cerciorarse de quiénes habíamos sido los autores, pero no pudieron demostrar nada. O no quisieron...
Pero quedó bien clara esa constante en la línea de actuación de Julián, su dificultad para encajar en los planes preestablecidos, en las decisiones que quizá se toman sin la correspondiente consulta de las opiniones de todos, sin el juego democrático mínimamente aceptable. Sigo con mi historia. Me estoy gustando...Me encanta hablar de Julián.
Más tarde yo mismo seguí el camino que abriera Julián hasta París, y allí encontré una cálida acogida de su familia: sus padres, su tía...
El siguió en Logroño, desarrollando su labor con los jóvenes, más o menos rechazado por el PCE, para no perder la costumbre, y más tarde rechazada también por los mismos que al principio colaboraron con él como educadores de calle.
Volví a Logroño, ya casado y con hijos, en el 75, colaboré en el lanzamiento del PCE, las primeras elecciones democráticas, el Referendum de la Constitución...
Pero para entonces Julián ya estaba en Pamplona, embarcado en la nueva aventura de la UGT. El contacto se había roto. Pero seguía haciendo algo que nos mantenía unidos, el recuerdo, la añoranza de un estilo de acción y una filosofía un tanto ácrata, infantil e ingenua, limpia, sin trampa ni cartón.
Tampoco sé por qué dejó Pamplona y se fue a Barcelona, aunque me imagino que siempre ocurría lo mismo, ese afán irrenunciable de libertad, de espontaneidad, esa filosofía en los antípodas de la propiedad privada y el individualismo, toda esa forma de ser irrenunciable e inimitable de Julián Rezola.
Y nos buscamos el uno al otro, yo fui varias veces a verlo a su palomar de Canaletas, a aquel ático desde donde se pueden oler los pies de Cristóbal Colón.
El muy pillín! Yo creo que se daba cuenta de que se me iban los jos detrás de las "gachís" que tentaban a los viandantes desde todas las esquinas y todas las fachadas, y me dejaba caer: Podíamos decirle algo a esa...
Me llevaba a cenar con una comunidad de frailes amigos. A comer con sus colegas de aventuras de Barcelona.
Y luego nos escribíamos, cartas con la mejor literatura de que éramos capaces, cartas de pura simpatía, de contarnos nuestras vidas insignificantes, de comunicarnos nuestras inquietudes de índole política, sindical, social...
El quiso despedirse de mí en Logroño, el verano en que la muerte se le anunciaba para muy pronto.
Creo que desde nuestro primer encuentro, él estrenando adolescencia y trabajo de aprendiz, y yo trabajo de consiliario de obreros en la JOC, se produjo entre los dos una química especial.
A mí, trece años en el seminario, tres años de "profesional" de una parroquia, entre púlpitos, confesonarios, misas y demás actos profesionales que hoy parecen un tanto absurdos, a mí me hacía falta encontrarme con el mundo tal cual es, con el sentir de la calle, con el ritmo de vida y los problemas de un joven que empieza a vivir, y de todo el mundo que me rodeaba.
Más aún, me hacía falta soltar todo el lastre de una educación inspirada en los principios más rígidos y cabrones del franquismo, en el desprecio de la clase obrera, de la civilización industrial, de los "rojos". Ten en cuenta que estábamos en el 1960.
A él...a él le hacía falta ganarse el pan de cada día, pero algo más, algo de alcance puramente espiritual. Necesitaba desarrollar toda su capacidad y ansia de darse, de crear vínculos con el mundo obrero que le rodeaba, de despertar en los jóvenes ganas de vivir, de organizarse, de enfrentarse a un mundo que los tenía condenados a la esclavitud. Y por supuesto, mejorar su cultura general, aprender a leer, a hablar, a discutir y dialogar, a relacionarse con unos y con otros, sentirse alguien, valorado y tenido en cuenta a su alrededor.
Porque, hijo de una familia proletaria, hermano de otros cinco hermanos, sus padres agobiados por el afán de traer a casa el pan de cada día, el padre además un poco cogido por el alcohol, Julián, como la mayoría de los jóvenes obreros de entonces, sufría terriblemente las carencias de una vida familiar inexistente, sin calor de hogar, sin pan, una vida de perro callejero.
El tuvo un acierto, una intuición, un salero especial, supo rodearse de educadores y se dejó llevar por ellos. Primero de un atleta muy deportivo y educador, José Luis Alvarez, que lo llevó a la JOC, luego de la misma JOC, en la cual colaboró desde el principio con absoluto entusiasmo y entrega, asumió las responsabilidades que se le encomendaron, y se dejó "modelar" por el consiliario que intenté ser para él desde que le conocí.
Hay algo muy especial en su personalidad, algo que difícilmente se encuentra en el común de las personas...ulián vivía en un universo donde no existe la propiedad privada, ni los conceptos tuyo y mío, donde todo es común y se toma según las necesidades de cada uno. Un universo en que el dinero no tiene ningún valor ni otorga ningun privilegio. Todo lo suyo estaba a disposición de todos, y de nosotros tomaba todo aquello que necesitaba o le apetecía y sabía que estábamos dispuestos a ofrecérselo, porque era tremendamente respetuoso. Y además infinitamente generoso, capaz de cualqueir sacrificio por los amigos, por llevar adelante las actividades que nos proponíamos.
He conocido muy pocas personas con esa mentalidad. Dos o tres. Y tengo la impresión de que todas ellas estaban impregnadas de ese sentido comunitario que imprimió ene la clase trabajadora española el anarquismo, el cual tuvo una difusión muy amplia y profunda en la Rioja.
Unámos a ese rasgo tan especial de Julián el otro, sus hondas raíces obreras y revolucionarias. He dicho que su familia era una familia rota, hundida en la miseria, al borde del analfabetismo, aficionados al alcohol, viviendo en unas condiciones casi inhumanas. Y sin embargo, tanto sus padres como sus tíos conservaban intacta toda la ideología de los perdedores de la guerra civil, de los fusilados de La Barranca de Lardero.
Derrotados, pero con todos los ideales a punto. Despojados de todo, pero con un sentido muy fino de la estrategia a seguir en aquellos tiempos de represión y silencio. Julián tenía un trato especial con un tío que vivía como un clochard, aocoholizado, trabajando a rachas en el andamio, pero tremendamente clarividente y cultivado.
Para mí, en el seminario desde los 10 hasta los 23 años, tres años de cura en una iglesia, con mis sermones, mi confesonario, mis rezos, mis misas, Julián significaba el punto de encuentro y la conexión con el mundo obrero, con los jóvenes obreros a los que había sido enviado. Suponía además la liberación y la puesta en entredicho de toda la mentalidad fascista y franquista en la que había sido educado, a más de un primer encuentro con el mundo de la industria, tan diferente del mundo rural del que yo procedía.
Julián tuvo el acierto de rodearse de educadores y dejarse guiar dócilmente por ellos. Primero fue un entrenador deportivo, corredor de fondo, que además de introducirlo en el deporte le llevó a la JOC. Luego conectó con los curas que se le acercaron, aunque con un criterio selectivo; no se confiaba a cualquiera, sabía marcar las distancias y las aproximaciones. Leía mucho, devoró con hambre toda la literatura que la JOC proporcionaba en aquel entonces: Pescadores de hombres, de Maxence Van dder Meersch, obras de Cardijn, el fundador de la JOC, etc. etc.
Llegó a la JOC con apenas 15 años. Trabajaba en un taller de máquina herramienta, y pasaba por delante de mi residencia todas las mañanas camino del trabajo. Nos veíamos, con los fervores de aquellos años procurábamos mantenernos en gracia de Dios todos los días.
Hacía proselitismo, a su llegada los grupos de aprendices se multiplicaron como setas ene la JOC; se manejaba con ellos a base de excursiones y acampadas los fines de semana. Y para temas de intendencia contaba con la moto del consiliario, mi moto y yo de motorista. Cientos de veces me tocó llevarlo y traerlo a los lugares de acampada, hacerles las compras para la comida. Así como acudir en moto él y yo hasta doscientos kilómetros de distancia a reuniones regionales o nacionales. Y a la chita callando los empujaba a acciones de enfrentamiento y compromiso en el trabajo, con la familia, en la calle.
Nos tocó acudir al Consejo Nacional de la JOC en Valencia, por Santiago, 25 de julio. No teníamos dinero, teníamos que acudir cuatro con una sola moto. Nos turnamos; dos empezaron el viaje en autostop, Julián y yo en moto; con ella llegamos a Vinaroz, se nos cayó entera la piel; dormimos en un sitio de mala mujerte, y al día siguiente estábamos en Valencia. Y a la vuelta, los otros dos cogieron la moto y a nosotros nos tocó hacer dedo.
Muy pronto le tocó asumir tareas de dirección, acudir a reuniones de alcance regional o nacional. Aprendió a hablar, sus lecturas le proporcionaban un vocabulario y una facilidad de expresarse superior a los demás.
Y finalmente le tocó asumir la presidencia de la JOC a nivel de toda la Rioja. Pero por poco tiempo, porque no sabemos qué denuncias o infundios llegaron hasta la Comisión Nacional de la JOC y desde Madrid nos amenazaron con represalias si no lo retirábamos de presidente de la JOC riojana.
El no se inmutó. Es decir, seguro que le afectó el bofetón, pero siguió adelante con su trabajo.
De repente, un buen día, en vísperas de las ferias y fiestas de San Mateo de la capital de la Rioja, Logroño, su trabajo dió un resultado sorprendente. El gobernador civil prohibió la participación de menores de 18 años en los "chamizos", locales que las cuadrillas alquilaban para pasar las fiestas a su bola.
La prohibición se publicó por la mañana en periódicos y radio. A la noche, en el Espolón, la plaza a la que se asoma el Gobierno Civil, más de quinientos jóvenes hicieron una sentada de protesta. Era el resultado de un nuevo sentido y conciencia de la juventud, de la juventud trabajadora de Logroño, era el final de un trabajo silencioso de Julián. Quizá la gente de Logroño, los historiadores, no han percibido todavía esa impronto que dejó Julián en aquel mundo.
La JOC, por otra parte, tuvo en los años 60 el acierto de abrir a la juventud española a Europa y al mundo. Hacia 1966 se celebró un Rallye europeo, una concentración de jóvenes obreros de toda Europa en Estrasburgo. Hicimos un esfuerzo sobrehumano para financiar el viaje de una media docena de riojanos a aquella cita.
Por mi parte, yo tuve también la corazonada de que aquellos jóvenes necesitaban abrirse a Europa, emigrar. Primero porque la situación económica y laboral no era nada boyante, segundo porque aquellos jóvenes tenían derecho a conocer mundo, a dialogar con todo el mundo, a abrirse. Tenían necesidad de entrar en contacto con los que habían huído de la guerra civil, con el partido comunista y el PSOE que estaban organizados en Francia y en Europa, de conectar con las luchas antifranquistas que estaban en marcha allí fuera.
Antes que Julián se fue un trabajador de una fábrica de caramelos de café con leche, a París, más tarde otro a Suiza, y finalmente Julián se encaminó hacia París. Julián y el de la fábrica de caramelos entraron inmediatamente en relación con el PCE. El caramelero con más intensidad. Julián con ciertas reticencias...
Y aquí me toca afrontar esas reticencias mutuas de Julián con las organizaciones "establecidas" y "disciplinadas". Yo diría que mu pronto se producen entre Julián y esas organizaciones desencuentros y enfrentamientos que tocan directísimamente a la libertad innegociable de la persona ante la estructura, de que se respete ese margen de autonomía personal y de libertad en la acción sin el cual uno se asfixia.
Parece como si a Julián le hubiese tocado siempre hacer la guerra por su cuenta, renunciar a cosechar los éxitos y a apuntarse las batallas ganadas, arrimar el hombro al trabajo y quedarse a dos velas a la hora de la cosecha. Y como si Julián hubiese aceptado ese rol tan puro, tan humano, tan heroico, de dar sin recibir, de dar y darse gratis, por nada.
Así murió. Sin seguridad social, siempre aborreció cualqueir fórmula de previsión y de ahorro para el futuro, murió como un perro sarnoso recogido en la calle.
El caso es que su viaje a París tuvo su continuación. Si no pudo contar con ayuda familiar a la hora de marcharse a Francia, faltó tiempo para que sus padres y dos hermanos y una tía siguiesen sus pasos, y por supuesto le tocó a él prepararles la llegada y ayudarles a dar los primeros pasos por París. La familia Rezola se hizo emigrante y francesa, y comenzó a vivir con cierta holgura.
Y finalmente volvió, todos los militantes obreros de la época debían volver más tarde o más temprano a continuar la lucha en España. Y en España continuó su trabajo de educador de jóvenes con nuevas herramientas, con una preparación profesional como educador, y un programa y unas consignas políticas como guía.
Por aquellas fechas, finales de la década de los 60, el PCE contaba ya con una estructura mínima en la Rioja, y mantenía relaciones con la Acción Católica Obrera. Se había planificado la celebración del Primero de Mayo de acuerdo entre cristianos y comunistas. Solo se celebraría una misa v espertina de San José Obrero, y no habría nada hacia el exterior.
Pero algo no cuadraba, Julián y sus jóvenes habían planificado una acción sorpresa para la noche del 30 de abril. Y necesitaban mi coche, yo para entonces contaba con un 2CV prestado por un cura amigo. Proyectaban hacer una pintada por los barrios obreros de Logroño, y para ello acamparían a 6 kilómetros de la ciudad, en una chopera del Iregua, bajarían en "nuestro" coche hacia las 3 de la noche, yo los llevaría por grupos a los distintos barrios, harían la pintada y hacia las cuatro volvería a recogerlos a otro lugar.
A mí me tocó decidir si debía aceptar la disciplina de Julián Rezola y los jóvenes, o el acuerdo dee las direcciones de cristianos y comunistas. Y opté por los jóvenes, la acción se llevó a cabo, hubo alguna escaramuza como final de fiesta, nos fuimos el 1 de mayo a tomar el vermut a la bodega de mi pueblo, y todos felices.
Los días siguientes detuvieron a alguno de los autores del desaguisado. La policía pudo enterarse y cerciorarse de quiénes habíamos sido los autores, pero no pudieron demostrar nada. O no quisieron...
Pero quedó bien clara esa constante en la línea de actuación de Julián, su dificultad para encajar en los planes preestablecidos, en las decisiones que quizá se toman sin la correspondiente consulta de las opiniones de todos, sin el juego democrático mínimamente aceptable. Sigo con mi historia. Me estoy gustando...Me encanta hablar de Julián.
Más tarde yo mismo seguí el camino que abriera Julián hasta París, y allí encontré una cálida acogida de su familia: sus padres, su tía...
El siguió en Logroño, desarrollando su labor con los jóvenes, más o menos rechazado por el PCE, para no perder la costumbre, y más tarde rechazada también por los mismos que al principio colaboraron con él como educadores de calle.
Volví a Logroño, ya casado y con hijos, en el 75, colaboré en el lanzamiento del PCE, las primeras elecciones democráticas, el Referendum de la Constitución...
Pero para entonces Julián ya estaba en Pamplona, embarcado en la nueva aventura de la UGT. El contacto se había roto. Pero seguía haciendo algo que nos mantenía unidos, el recuerdo, la añoranza de un estilo de acción y una filosofía un tanto ácrata, infantil e ingenua, limpia, sin trampa ni cartón.
Tampoco sé por qué dejó Pamplona y se fue a Barcelona, aunque me imagino que siempre ocurría lo mismo, ese afán irrenunciable de libertad, de espontaneidad, esa filosofía en los antípodas de la propiedad privada y el individualismo, toda esa forma de ser irrenunciable e inimitable de Julián Rezola.
Y nos buscamos el uno al otro, yo fui varias veces a verlo a su palomar de Canaletas, a aquel ático desde donde se pueden oler los pies de Cristóbal Colón.
El muy pillín! Yo creo que se daba cuenta de que se me iban los jos detrás de las "gachís" que tentaban a los viandantes desde todas las esquinas y todas las fachadas, y me dejaba caer: Podíamos decirle algo a esa...
Me llevaba a cenar con una comunidad de frailes amigos. A comer con sus colegas de aventuras de Barcelona.
Y luego nos escribíamos, cartas con la mejor literatura de que éramos capaces, cartas de pura simpatía, de contarnos nuestras vidas insignificantes, de comunicarnos nuestras inquietudes de índole política, sindical, social...
El quiso despedirse de mí en Logroño, el verano en que la muerte se le anunciaba para muy pronto.
martes, 12 de abril de 2011
HOMENAJE CIVICO A LA FIGURA DE JULIAN REZOLA
Homenaje cívico a la figura de Julián Rezola
25 de noviembre de 2009
El Aula Magna del Edificio Quintiliano celebra el jueves 26 de noviembre, un Homenaje Cívico a Julián Rezaola, quien fuera impulsor del Movimiento Pioneros y primer secretario general de UGT-Navarra de la Democracia.
El Aula Magna del Edificio Quintiliano celebra el jueves 26 de noviembre, un Homenaje Cívico a Julián Rezaola, quien fuera impulsor del Movimiento Pioneros y primer secretario general de UGT-Navarra de la Democracia.
En el acto está previsto que participen, entre otros, el rector de la Universidad de La Rioja, José M.ª Martínez de Pisón; el expárroco del barrio de Yagüe, Rafael Ojeda; el exalcalde de Logroño, Manuel Sáinz Ochoa; o el cantautor Jesús Vicente Aguirre.
Julián Rezola Trapero nació en Logroño en 1943 y falleció en Barcelona el pasado 9 de octubre. En 1962 emigró a Francia como tantos para trabajar como mecánico ajustador, aunque participó de las ideas pedagógicas de la Universidad de Vinncennes y vivió intensamente el Mayo del 68 francés.
Ese mismo año regresó a Logroño y, de forma clandestina, promovió el Movimiento Pioneros, una práctica educativa y socializante desarrollada en el propio barrio donde viven los jóvenes para tomar conciencia de sus problemas personales y sociales. Entre 1976 y 1977 fue secretario general e UGT-Navarra, el primero de la Democracia.
En 1986 impulsó el primer taller-escuela de reciclaje de objetos usados en Logroño, creando así un aula de compensatoria para chavales absentistas. En 1988 se trasladó a Barcelona y en el barrio de Ciutat Vella entró en contacto con jóvenes cabezas rapadas, desarrollando la primera actividad educativa en España con ellos.
PROGRAMA
Aula Magna. Edificio Quintiliano.
18.00 horas. Presentación y acogida a cargo de José M.ª Martínez de Pisón, rector de la Universidad de La Rioja; y Esther Raya, vicedecana de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la UR.
Mesa redonda 'Los valores educativos de Pioneros y su repercusión en la Pedagogía', a cargo de M.ª Ángeles Goicoechea, profesora de la Facultad de Letras y de la Educación de la Universidad de La Rioja; y Enrique Martínez Reguera, licenciado en Psicología y Educador.
18.50 horas. Mes redonda 'Recorrido por la trayectoria vital y educativa de Julián' a cargo de Rafael Ojeda, párroco jubilado del barrio de Yagüe; Mariano Muñoz Segura, profesor de Servicios de la Comunidad del IES Batalla de Clavijo; Manuel Sáinz Ochoa, alcalde de Logroño (1983-1995); Pedro Vallés Turmo, profesor de ESO y presidente de Pioneros (1985-1995); Bill Mulholland, arquitecto irlandés.
19.50 horas. Mesa redonda 'Experiencias actuales basadas en la pedagogía de Julián Rezola' a cargo de Javier Navarro Algás, gerente de Fundación Pioneros; Iván Pérez, Asociación La Tavaya; y Óscar Caballero, de la Asociación Saltando Charcos de Burgos.
20.30 horas. Impresiones y expresiones: un grupo de personas expresará cómo fue y qué les aportó la relación con Julián.
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