
sábado, 19 de enero de 2013
miércoles, 16 de enero de 2013
II Jornadas en Homenaje a Julian Rezola
En
primer lugar agradecer esta invitación siendo consciente que entre nosotros y
nosotras hay personas que podrían realizar esta tarea con mucha más eficacia que
yo. Echar la mirada atrás, es un ejercicio de retrospección muy interesante. Lo
primero que me ha venido a la cabeza como es lógico son los chavales y
chavalas, (los muertos, los vivos, los exterminados por las instituciones, los
presos, los delincuentes, las madres y padres,..) y también los compañeros y
compañeras educadores y educadoras (los muertos, los que siguen, los
exterminadores, los carceleros, los que se echaron al monte, las que son madres
y padres…).
Lo
segundo los grandes cambios socio-políticos que durante
estos más de 15 años ha experimentado la tarea de educar y la calle como
espacio de relación. No me voy a extender más de 25 minutos por respeto a
ustedes (yo también pierdo la a tención a partir de los 40 minutos), y porque
muchas cosas ya introdujo Mariano.
Seguro
que en este breve repaso por el educador y la educación de calle, se me olvidan
algunas experiencias (otras conocidas es mejor olvidarlas), y seguramente otra
persona resaltaría innumerables facetas que a mí se me escapan acerca de la
evolución de la educación de calle en el Estado Español. Hablaré de mi
experiencia y mi práctica, y como escusa parafraseando a Julián Rezola citaré el
comienzo de una frase que decía “Hay más
libros que educadores…” Y los hay que
pueden documentar este tema en profundidad.
Comenzaré
sin extenderme sobre algunas de las características más importantes, que han
ayudado a configurar bajo mi punto de vista lo que es hoy el educador y la
educación de calle; no tengo mucho tiempo pero es necesario hablar aunque sea
un poco de ellas.
Estas
son:
·
La profesionalización tecnificada de la figura
del Educador; (del educador especializado al educador social y su entrada en la Universidad ).
·
La consolidación de la democracia y el Estado
de bienestar.
·
La privatización de los Servicios Sociales (de
la necesidad asociativa a la
Fundación y la
Empresa ).
·
El desarrollo de la Ley de Protección Jurídica y
Reforma del menor.
·
Nuevas realidades sociales (inmigración,
tercera edad, personas solas y sin hogar,…).
Algunas
de las fechas significativas de estos cambios son:
·
1992-institucionalización de la labor
socioeducativa-primeras promociones universitarias de educación social.
·
1993-Auge de la inmigración en nuestro país.
·
1995-Se consolida el sector de la ayuda y la
atención, se habla del tercer sector económico de nuestro país. La acción social
crea expectativas de mercado entre los empresarios por la cantidad de dinero
que mueve.
·
1996-Se aprueba la Ley 6/1996 de 15 de enero, que
regula el voluntariado, desvirtuando conceptos como militante, apoyo mutuo o la
lucha dentro de las asociaciones.
·
2001-
Entrada en vigor de la Ley
de Responsabilidad Penal del Menor, uno de los hitos en la historia de las
políticas sobre infancia más catastróficos, y que cambiará sin duda el rumbo de
los chicos y chicas con los que trabajamos. Consolidando la dualidad entre las
asociaciones que se suben al carro de la financiación de las medidas judiciales
y las que no quieren ni oír hablar del tema. (debate entre las asociaciones de
educadores y educadoras)
Bueno
estas son algunos de los acontecimientos históricos más relevantes, que me
ayudaran a seguir explicando el tema que nos compete y poder desarrollar de
forma breve esta trayectoria de la educación de calle durante estos últimos
años.
Antes
de hablar de una trayectoria es necesario situar un punto de partida, para
sentir la evolución y el cambio. Por lo tanto sería bueno definir ¿De qué
educador y educación de calle hablábamos en los 90 ?. Como parece que sí existe
un consenso en que las primeras experiencias que cronológicamente sitúan en
barrio del Carmelo (Barcelona) llevada a cabo por Instituto de Reinserción Social
(1975) y en Logroño barrio de Yagüe por el movimiento Pioneros (1968).
Intentaré definir al educador y la educación de calle utilizando fragmentos de
estos autores y épocas.
Faustino
Guerau de Arellano, co-fundador de la Escuela de Educadores Especializado Flor
de mayo de Barcelona, y una de las pocas personas que reconoce
institucionalmente la formación de Julián, define al educador de calle de forma
muy lúcida como: “Un ciudadano intencionadamente preparado para apoyar procesos
evolutivos de niños y adolescentes que por diferentes circunstancias se
encuentran en la calle….”.
De las
V jornadas nacionales sobre inadaptación
social y recuperación de menores, que se celebraron en Madrid en marzo de 1983,
se concluyó definiendo al Educador de calle como: “Un trabajador social, cuyo marco de trabajo es fundamentalmente la
calle, por ser este un ámbito esencial de socialización donde no llegan las
instituciones. Es un punto de conexión
entre los jóvenes inadaptados y la comunidad”.
Y otra
contribución interesante y necesaria en nuestros tiempos introducida por Julián
Rezola, olvidada institucionalmente (síntoma de buena salud dicen algunos de
mis amigos/as) que enfatizaba con aspectos de organización y lucha de los
jóvenes más desfavorecidos. ¿Educar… para qué?, Costumbre sana la de
preguntarse sobre lo que uno hace y que poseía Julián, no muy de moda en
nuestros días y que estaba siempre presente en las últimas charlas
con Julián. Otra sana costumbre de Julián y que está relacionada con la
esencia de su pensamiento pedagógico, era la de organizar encuentros (muchos en
torno a la comida) con el objetivo crear grupo, solidaridades, estrechar lazos
entre quien él intuía que se podía aliar para la lucha. LA LUCHA siempre presente hay
quería llegar yo.
Hasta los últimos días, juntaba okupas y
libertarios, con comunistas y sindicalistas, esta es una de las sensaciones que
más claras y patentes aparecen en la pedagogía de Julián. La unión, La lucha,
el nadie lo hará por nosotras, O todas o ninguna.
Este
despertar hacia ser conscientes de porque hemos nacido en el barrio que hemos
nacido, porqué mi madre y mi padre no me pueden prestan atención, porque me
encuentro a todos mis amigos en reformatorios y después en prisión, porqué
ellos sí y yo no.
Las
Tareas del Educador decía ” Ayudar al
joven a despertar de un proceso inerte, a una empresa consciente”, “Ayudar a
madurar la rebeldía del adolescente, canalizar su agresividad para que resulten
constructivas y no muera sepultado por su pasividad”.
“Que los Chavales tomen conciencia de los
problemas; - ¿¿por qué hay problemas, - quién es el responsable, - qué puedo
hacer. Y partiendo de los suyos personales descubren; que son colectivos y que
su solución es colectiva. Que se pongan en movimiento.” decía.
Existen
muchas definiciones para describir al educador y la educación de calle, de
entre todas sí se pueden sacar rasgos comunes sobre lo que se entendía y lo que
no, cuando se hablaba del educador de calle que algún autor dejo por escrito.
Algunos de estos son;
·
Una persona con vocación y con opciones claras
por los más vulnerables.
·
Actuará de elemento de regularización entre los
conflictos del barrio y el joven.
·
Tendrá que introducirse en el mundo del
chaval/a.
·
Colaborará con diferentes figuras educativas,
con el objetivo de encontrar salidas a los conflictos de los jóvenes de forma individual
y grupal.
·
Será un elemento activo en la vida del barrio,
participando en las reivindicaciones de este, con la idea de que solo cambiando
el barrio cambiarán las personas que viven en él.
·
Realizará una educación divertida, sacando
recursos pedagógicos de cualquier lugar, la vida de los chavales es fuente de
experiencias.
Que
no es un educador de calle;
· Una
persona en busca de un puesto de trabajo, aunque tenga derecho a vivir de ello.
· Un
profesional aséptico y multipreparado.
· Un
“paracaidista” que, en solitario y sin miras de continuidad, se deja caer en un
barrio y después desaparece.
· Un
“Plasta”.
Oyendo esto, cualquiera se atreve a decir que es educador de calle
en nuestros días, recordar estas cosas pone a uno el listón muy alto. Parece
que ahora lo conveniente, sería analizar cuántas de estas características y
rasgos poseen o poseemos los educadores de calle a día de hoy, (entre la gente
distingo a algunas y algunos), pero… no quiero estropear este momento porque si
de algo puedo hacer gala es de ser estrepitosamente sincero cuando quiero.
Así que pasaré a reflexionar sobre algunas de las características
que han ayudado a configurar lo que son los educadores de calle hoy en día. Empezaré
por aquello que definí al principio como: - la consolidación del Estado de
bienestar y la democracia: Todas conocemos que en esencia las labores
del educador de calle surgen en Francia en los años 60, nacen como un medio de
promoción para atenuar el desarraigo que producen los grandes centros urbanos;
evitar las diferencias culturales y económicas entre clases sociales, muy
vinculados a la animación comunitaria buscaban la transformación social de las
injusticias. Se desarrolló en muchos barrios de nuestras ciudades, como
una forma de acción de signo “progresista” tendente a consolidar una
“democracia cultural”; se creía en ello y se apostaba por ello. Una vez que se
instauro el régimen de democracia formal y el PSOE ganó las elecciones, se fue
deslegitimando y abandonando este tipo de acciones en lo comunitario, llegando
a perseguir a algunas asociaciones y movimientos que todavía lo seguían
practicando con mucho éxito entre los jóvenes de los barrios.
Llegaron las políticas de compensación social. Nos vendieron la
idea de que los/as vecinos/as de los barrios ya no teníamos que preocuparnos
por nuestros problemas que un tal “Estado de bienestar” había llegado para
solucionar nuestras miserias. Entraron en nuestros barrios bajo mil y una
acepciones (trabajadores sociales, visitadores/as familiares, animadores
socio-comunitarios, monitores, etc.…), los abrimos las puertas porque somos
buena gente y nos lo pagaron desarticulando todo el tejido comunitario y las
iniciativas de apoyo mutuo espontáneo, que tantas manifestaciones y reuniones
costó.
Ya había dejado de interesar la auto-organización de los jóvenes para que “despierten de su letargo y colectivicen las
necesidades”. Ya estaban democratizados y eran libres. Con esta libertad se
evaporan parte de las características que definían algunas de las tareas de los
educadores de calle, éramos necesarios sí, pero para otras cosas más light. En
resumen ahora toca vigilar la libertad y la democracia, que mucho nos costó
conseguir, por si acaso alguno o alguna no va a estar de acuerdo con eso de ser
libre.
Otro aspecto que
modifica enormemente el perfil del
educador de calle es; -la profesionalización del educador
especializado: Muchas son las voces que nos alertan, de que el proyecto
universitario referente a la educación social está muy desligado de la realidad
y construido con mucha carga de especialidades de magisterio y otras
especialidades que no vienen a cuento, que hacen muy difícil la salida de
profesionales preparados. Aunque como nos recuerda acertadamente Toni Juliá, en su libro L`educación social: proyectes, perpestives
i camins, no toda la culpa la tiene
la institución universitaria, algunos educadores afirma: “reivindican que su función no es la atención directa, sino la
planificación, dirección y gestión de proyectos”. Lamentablemente existe
una desvinculación con la práctica social y muchos de los encargados de formar
a los y las futuros educadores nunca tocaron un niño.
Pero el tema de la formación, aunque tremendamente importante, no
es el más importante bajo mi punto de vista sobre esta cuestión. Si bien, la
formación que recibimos los y las educadores de calle del norte en los años 90
era, en la Escuela
Diocesana de Bilbao o el Centro de Estudios del menor del
Ministerio de Asuntos Sociales, con el sistema de acumular puntos. En Cataluña
tenían los educadores algo más de suerte con el Centro de Formación de
Educadores Especializados de Barcelona (CFEEB), increíble la gente que salió de
ahí.
Lo que la profesionalización más marcó, fue un cambio en el perfil
del educador de calle. Ya no podían ejercer de educadores, mecánicos, ni
herreros, ni chavales formados en los barrios, ni educadores que se
alfabetizaban según iban desempeñando las primeras tareas de
auxiliares-mediadores-responsables de grupo-etc.., cogiendo actas leyendo
libros de Makarenco porque tenías vergüenza de no estar a la altura del próximo
debate pedagógico con los otros educadores más mayores; había que ir a la
universidad... Algunos pudieron demostrar una serie de años de experiencia,
(sobre todo a través de puestos de la administración) y convalidar esta
titulación exigida a partir de 1992 en casi todos los convenios con las
instituciones, otros ni quisieron.
Y llegaron los y las universitarios y universitarias.., que con
todos mis respetos no tenían nada que ver con el Pera y la Marian de la CEMU , ni con el Piti del
circo de los muchachos en Galicia, ni con el Salva de mi barrio, ni con la Conchi de Villaverde, ni con
el Josean de Logroño y un incontable, etc.. de educadores y educadoras hechos a
sí mismos siempre dispuestos a escuchar a un joven, siempre con las puertas de
su casa abiertas, (ahora algunos cierran hasta las oficinas para que no les
molesten). Quizás este es uno de los aspectos donde más se ha notado el cambio
en la educación de calle y nunca ha interesado tratar. Y creerme no tiene nada
que ver con una cuestión estética, ni con fumar porros.
Pero tampoco con que se hayan mejorado los procedimientos técnicos,
hemos perdido frescura para ganar credibilidad en nuestra intervención. Pero
¿Qué credibilidad? La que da seguir los patrones validados por la
ciencia occidental y capitalista. Estoy convencido que estamos perdiendo
eficacia.
Este impulso por controlarlo todo, y evaluar sin cesar se está
perdiendo lo enriquecedor de la experimentación ante las situaciones que n os
plantean los chavales.
La consolidación del educador profesional ha traído como
consecuencia la eliminación de las prácticas voluntaristas del apoyo mutuo y la
solidaridad. Daría para un solo debate.
Continúo con otro aspecto que ha cambiado las funciones de los y
las educadores y educadores de calle de forma drástica; - La llegada de la Ley
5/2000 que regula la responsabilidad penal del menor y la ley orgánica 1/96 de
15 de enero, sobre la protección del menor; Claro… antes de llegar a donde
quiero con este tema, habría que visualizar el cambio que sufren las
asociaciones de educadores y educadoras de calle, cuando comienzan con el juego
de la obtención de subvenciones por parte de organismos del Estado, las
organizaciones empezaron a funcionar con personal profesional asalariado,
vinculándose a mayores exigencias de las
entidades financiadoras en cuanto a resultados y esto empieza a producir
cambios también en la forma de estar con los chavales de los educadores.
Desde la entrada en vigor de estas leyes se empieza a producir un
cambio en el paradigma de la intervención con los menores y jóvenes en
conflicto social y se pasa de la prevención a modelos de intervención clínica individualizada
que responsabiliza a los jóvenes de sus
conductas. El grueso de los recursos en materia de políticas de infancia, están
orientados a financiar proyectos que ayuden a desarrollar el cumplimiento de
estas leyes. Las Ongs algunas convertidas en macro-fundaciones para sobrevivir
en este nuevo mercado de lo social, comienzan a encargan a sus educadores/as
tareas más acordes con los nuevos convenios que garantizan su existencia; del
tipo de custodiar la libertad de sus chavales, vigilar el cumplimiento de
medidas en régimen abierto, hacer educación de calle en los recreos de los
institutos para que no se consuman drogas, hacer educación de calle para realizar
un censo de tribus urbanas y pasárselo a la policía, etc…Pero…. Vamos una
locura ¿tanto se puede cambiar en 20 años?
Este hecho ha cambiado radicalmente el lado en el que estamos los
educadores y el lado donde están los chavales. Los chavales y chavalas ya no
son parte de los proyectos, no sienten ninguna vinculación, son números y
casos. Ya no les oyes decir soy un Pionero. Nunca había existido tanta
distancia, hemos pasado de invitarlos a nuestra casa a dormir y esconderlos de
la policía hasta solucionar el problema, a llevarlos de la mano ante el Fiscal.
Cada vez resulta más difícil sentirse identificado con un educador o educadora,
cada vez más fácil ponerse en el lado de los chavales contra la institución y
sus educadores.
Para terminar acabaré con algo más positivo sobre la evolución de
las tareas del educador y educadora de calle que también comenté al empezar, - Las
nuevas realidades sociales; Que ha llevado al educador de calle a
trabajar con personas migrantes de diferentes sitios para ayudar a su
adaptación a la nueva realidad, el trabajo con personas mayores en la calle, el
trabajo de calle con personas que viven en la calle, etc..Estas nuevas
realidades, han ayudado a buscar nuevas utilidades a la labor de los educadores
y educadoras de calle.
Todo esto es lo que ahora somos, unos lo aceptaran con resignación,
otros se auto-compadecerán y otros lo negarán, pero lo que está claro que la Educación en libertad
que pregonaban los Pioneros parece otra cosa.
Para acabar resaltaré una de las labores del educador de calle que
aparecen en el libro rojo de Pioneros, que
me gusta especialmente y con una definición de educación por si a alguien le quedan aún ganas de escuchar.
Decían los Pioneros “El
educador ayuda al chaval a que no escoja y obre ciegamente, sino con libertad.
No podremos cambiar el modo de producción, la formación ni la coyuntura social;
pero se puede introducir al chaval en una dinámica de cambio, que, si se vive
conscientemente hacer surgir la esperanza de libertad individual y colectiva”. Hace mucho que no aparecen estas cosas en
los objetivos de los programas de calle, y no será porque no hagan falta.
¿A que nos referimos con educar? Agustín Moran “Educación,
la formación de niñas y niños para ser personas capaces de ser libres, en lugar
de personas decentes que siguen las normas del mercado y del estado sin
preguntarse para que sirven estas normas. La razón y la inteligencia como
herramientas para establecer nuestros propios fines y moderar nuestros propios
deseos superfluos, teniendo en cuenta las necesidades de los demás y los límites
de la naturaleza”.
Extraido
de conferencia II Jornadas en Homenaje a
Julian Rezola Trapero.
Logroño,
8 de octubre 2011
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